Opinión

Pérez Reverte, un escritor hábil, pero repetitivo y hasta aburrido de sí mismo

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Esto es la conclusión que he sacado después de terminar a trompicones ‘La isla de la mujer dormida’.

Reconozco que me ha costado terminar la última novela de Pérez Reverte. Ya desde las primeras páginas me he encontrado con el protagonista, cómo no, con el mismo estereotipo

del que ya ha abusado el autor en todas, o casi todas, sus novelas. En la treintena, joven, atractivo, con un buen físico y perfectamente preparado para lo que venga.

Como siempre, al menos para mí, abusa de colocarnos en una posición de iletrados o casi analfabetos. Está claro, y lo demuestra en su totalidad, que se ha molestado en investigar mucho para esta novela y sus lecciones, en este caso, sobre la marinería y todo lo que la rodea   son para mí inaceptables. Llega hasta las últimas consecuencias en su relato descriptivo de todo lo que contiene, todo lo que se ve, todo lo que se necesita… Es abrumador, uno tiende a saltarse muchas cosas, no sirven de nada para el relato. Sólo para la egolatría del autor.

¿Sabe alguien que un “caique”? Lo he buscado, aunque me lo imaginaba. Es una barca ligera con vela y motor típica del Mediterráneo. Se lo podía haber ahorrado, pero no: Pérez Reverte es así, tiene que demostrar su cultura y colocarnos cercanos al ridículo.

En definitiva, ‘La isla de la mujer dormida’ es una más, tal vez la peor, de su colección de novelas de acción. Como las anteriores, es lo mismo cambiando la trama: un héroe, amores difíciles, espías poco creíbles…

Arturo Pérez Reverte ha demostrado que es un escritor muy hábil, con una prosa muy buena  y es capaz de colocarte párrafos entre una continuidad sin que moleste, pero todo indica que se le ha olvidado y lo tiene que escribir.

Como persona, lo hemos podido ver en diferentes momentos, es difícil. Es preponte, siempre lleva la razón y no duda en atizar a diestro y siniestro si le apetece. Con esta novela parece que se ha aburrido de escribir, pero como domina, como digo, la prosa, tenía una idea que le habían contado, se habrá dado unos paseos por el Egeo, se ha sentado y ha llenado unas cuantas páginas.

Seguro que gustará y que venderá un montón de ejemplares de esta novela porque es un genio y tiene nombre, pero más decepcionante que nunca.