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Made in Europe: El renacimiento de la potencia industrial de la Unión Europea

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En Bruselas a marzo de 2026 ha ocurrido un movimiento histórico que redefine su futuro económico y geopolítico. La Comisión Europea ha promulgado la “INDUSTRIAL ACCELERATOR ACT”, una ambiciosa normativa destinada a catalizar el renacimiento industrial del continente.

Bajo el liderazgo de URSULA VON DER LEYEN, y con el impulso de los comisarios THIERRY BRETON Y VALDIS DOMBROVSKIS, esta ley marca un punto de inflexión definitivo, cerrando un capítulo de dos décadas de desindustrialización y dependencia exterior para recuperar la soberanía y la autonomía estratégica de Europa, responde a diagnóstico claro y urgente.

EL FIN DE LA INGENUIDAD: EUROPA ENTRA EN LA ERA DEL REALISMO INDUSTRIAL Durante veinte años, Europa confió en un multilateralismo que se fue desmoronando. La OMC, el GATT y los grandes acuerdos comerciales dejaron de ser herramientas eficaces frente a prácticas agresivas de China, Estados Unidos y Rusia. Mientras estas potencias protegían sus industrias con aranceles, subsidios y control de materias primas, Europa seguía creyendo en un mercado global abierto que ya no existía.

Los informes internos lo dicen sin rodeos:

“Los últimos 20 años de debilitamiento europeo han llevado a la Comisión a poner toda la carne en el asador.”

Tras años de confiar en un multilateralismo que demostró sus límites, Europa ha adoptado una postura de realismo industrial al constatar que su participación manufacturera había descendido hasta un preocupante 14,3% del PIB. La “Industrial Accelerator Act” es la manifestación de una voluntad política renovada, una declaración de intenciones para que el mayor mercado único del mundo vuelva a ser el motor de su propia prosperidad industrial y tecnológica.

La normativa se articula pilares fundamentales diseñados para transformar el tejido productivo europeo desde dentro.

El primer pilar establece, por primera vez, cuotas obligatorias de contenido europeo en la contratación pública, una medida que redirigirá más de dos billones de euros hacia empresas del continente durante la próxima década, garantizando que la inversión pública fortalezca directamente la base industrial local.

El segundo pilar refuerza drásticamente el control sobre las inversiones extranjeras y activa un sistema de aranceles estratégicos para proteger a los sectores clave de la competencia desleal y de las distorsiones generadas por subsidios de terceros países. Finalmente, el tercer pilar se centra en una simplificación regulatoria sin precedentes, creando ventanillas únicas digitales y «áreas de aceleración industrial» para eliminar la burocracia y agilizar la puesta en marcha de proyectos estratégicos.

En mi opinión la estrategia de reindustrialización se concentra en sectores donde Europa no solo debe recuperar el terreno perdido, sino liderar la innovación global. La energía, con un enfoque en las tecnologías limpias; la movilidad sostenible y eléctrica; el acceso y procesamiento de materias primas críticas; la modernización de la siderurgia; y el fortalecimiento de la industria de la defensa son las áreas prioritarias.

En este esfuerzo colectivo, naciones como Alemania, Francia, Países Bajos, Italia, España y los países nórdicos se erigen como los motores de un ecosistema industrial interconectado, donde cada uno aporta sus fortalezas para construir una cadena de valor continental resiliente y competitiva.

Y Lejos de ser una medida proteccionista, «MADE IN EUROPE» que inspira esta ley es un acto de autodefensa económica y de realismo estratégico. Se trata de asegurar que la industria europea compita en igualdad de condiciones, defendiendo sus altos estándares sociales y medioambientales frente a modelos productivos que no operan bajo las mismas reglas.

Por fin Europa ha despertado y ha decidido volver a creer en sí misma, en su capacidad de innovación y en la fuerza de su industria. La “Industrial Accelerator Act” no es solo una ley; es el comienzo de un nuevo capítulo para un continente que, tras ese periodo de ingenuidad y no hay dudar de su fuerza, si se cumple el viejo continente en mi criterio será como el ave fénix que renace, si realmente se cumple industrial que siempre debió ser.

Mi postura es que llegamos tarde pero nunca es tarde si la dicha es buena y es una señal de gran envergadura optimismo para España y el resto de los países de la UE…ya era hora…

Juan Pedro Mantilla Martínez

Letrado

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