Cultura y entretenimiento

Los Beatles en Madrid: 60 años del histórico concierto

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El 2 de julio de 1965, la mítica banda de Liverpool coronó su visita express a la capital con un recital en Las Ventas.

En 1965 ocurrieron muchas cosas en aquella España. Una de ellas, y nada secundaria en la memoria de muchos, fue la actuación en Madrid de los Beatles, el 2 de julio.

Hoy, 60 años después, semeja una página que amarillea nostálgica en el diario de un país agitado, ávido de respirar nuevos aires que removieran la atmósfera y ventilasen la casa. Pero los Beatles entraron por la puerta y salieron por la ventana. Hicieron un concierto, no la revolución. Tuvieron importancia, pero no trascendencia. Trajeron ilusiones, pero no libertades. Remataban en España una gira de 10 conciertos comenzada en Varsovia el 10 de junio. Madrid formaba parte de su rutina, no de su doctrina.

Procedentes de una vieja democracia coronada, recién nombrados Miembros de la Orden del Imperio Británico, con las agitadoras melenitas redimidas por el título nobiliario, no venían a instalar la democracia en las cuerdas contestatarias de las guitarras eléctricas. Pero su llegada traía una ráfaga de rebeldía juvenil que se asociaba al rock & roll y sus derivados. Aquí la rebeldía a través de la música era algo más que un rupturista impulso generacional. Más que una reacción romántica u otro desahogo adolescente.

Habían llegado el 1 de julio en un vuelo de Air France desde París, donde habían actuado el día anterior. Los recogió un Cadillac que los depositó en el Hotel Gran Meliá Fénix, en la Plaza de Colón. Ocuparon las suites 123, 223, 323 y 423. Tuvieron su ración de tipismo con una breve salida nocturna a un tablao y, en el hotel, con una cata de vino de Jerez propiciada por Miguel Primo de Rivera, alcalde de la ciudad gaditana, y las Bodegas Domecq. Intentó John manejar la venencia (la varilla escanciadora), firmaron los cuatro con tiza otras tantas barricas y se retiraron a sus aposentos.

En el orden estrictamente musical, el concierto, que comenzó a las 20:30, resultó flojo. Los degenerados interpretaron 12 canciones empezando por Twist and Shout y terminando con Long Tall Sally. Sonaron regular tirando a mal en un recinto inapropiado y con un equipo básico de 600 vatios de potencia (hoy se emplean unos cuantos miles en cualquier bolo que se precie). Según recuerda Ignacio Martín Sequeros, bajista de los Pekenikes, los principales teloneros, «usaron unos amplificadores VOX de válvulas, y como los pusieron al máximo, distorsionaban». Los aullidos de las chicas distorsionaban aún más el sonido ambiente.

Los Beatles llegaron y se fueron. España siguió sin ellos. Dos de «los cuatro muchachos de Liverpool» también nos dejaron, al igual que tantos asistentes a las Ventas la noche de aquel día. Los supervivientes, veinteañeros de entonces, son hoy octogenarios.