El dedazo: entre la corrupción y la falta de esperanza
En España, cada vez que votamos a un líder, lo que realmente estamos haciendo es abrir la puerta a una estructura que se repite sin importar el color político. Junto al nuevo presidente, alcalde o consejero, llega una cohorte de asesores y cargos de confianza cuyo principal mérito no suele ser su preparación, sino su lealtad al partido.

Esta práctica, conocida como el “dedazo”, ha terminado por consolidar a los partidos como auténticas agencias de colocación, donde se premia la fidelidad y el amiguismo por encima de la profesionalidad.
Hace una década, aún se procuraba que los asesores tuvieran cierta relación con el área en la que iban a trabajar. Hoy, esa mínima exigencia se ha diluido por completo. El caso del Gobierno de Pedro Sánchez es paradigmático: los escándalos que rodean a figuras como José Luis Ábalos y Santos Cerdán —dos de sus personas más afines, además de ex secretarios de organización— y los contratos inflados de mascarillas o el caso Koldo, con implicaciones aún más graves, han deteriorado aún más la imagen pública de la política. No solo por las posibles tramas corruptas, sino por la impunidad con la que parecen operar.
Pero no es un problema exclusivo del PSOE. Antes fue el Partido Popular, y mañana podría ser cualquier otro. Porque el problema no está en un partido concreto, sino en un sistema que, sin una reforma profunda, no deja mucho margen para la esperanza. Da igual quién gobierne si la estructura se mantiene intacta. Si esto no se modifica en unos años volveremos a ver un caso similar de corrupción.
Realmente, éste es uno de los principales problemas. El PSOE de Sánchez esta «muerto» y tiene que irse de manera inmediata. Pero, ¿después qué? Es evidente que Feijoo no es el presunto líder de una banda de chorizos. Ahora bien, con la que está cayendo que siga como sigue en las encuestas debería hacerle reflexionar. A él y a su Partido Popular.
Por desgracia, en muchos ayuntamientos se reproducen los mismos patrones de conducta. Aunque a menor escala y sin los focos mediáticos, lo cierto es que todos los partidos con poder institucional colocan a toda una tropa de presuntos asesores y cargos de confianza a dedo, muchas veces sin la cualificación necesaria. Tremendo es también lo de algunos concejales. Su único mérito es la pancarta y ser unos palmeros. No saben gestionar pues no lo han hecho en sus vidas. No hay prueba mayor que esta para analizar la actual soberbia con la que actúan los partidos políticos y lo que nos respetan. No buscan expertos en las materias. Buscan fieles y leales pelotas. La diferencia es que aquí no hay corrupción (o no se ha demostrado), pero sí hay una degradación constante de la política local, que acaba convirtiendo al municipio de turno en un laboratorio de favores internos y cuotas de partido.
Les recomiendo leer los currículos de muchos de los concejales y asesores que trabajan en nuestros ayuntamientos. Se van a quedar ojipláticos.
Necesitamos un cambio real en la cultura política: uno que recupere la meritocracia, la rendición de cuentas y el sentido del servicio público.
En definitiva, el caso de «la banda del Peugeot del PSOE» ha vuelto a poner de manifiesto que necesitamos a alguien que nos haga recuperar la esperanza.
Juan Ussía/director La Mirada Norte