La carta del director: Feliz Navidad y próspero año 2026
Diciembre vuelve siempre con la misma mezcla de luces y silencios. Es un mes que no pasa de largo. Nos obliga a parar, a mirar atrás y a reencontrarnos con recuerdos que permanecen ahí, esperando su momento.

La Navidad no es solo una celebración; es una memoria compartida. Para la mayoría de los españoles sigue siendo, por encima de todo, familia. Y eso, pese al ruido y al cambio constante, sigue intacto.
Con los años, esa sensación se vuelve más intensa. Diciembre actúa como un detonante. Basta un olor, una canción o una conversación inesperada para que aparezcan escenas que creíamos archivadas. No solo echamos de menos a las personas, también a los lugares. Todos tenemos uno. El mío vuelve, una vez más, a La Moraleja, a la casa de mis abuelos, donde la familia paterna se reunía cada Nochebuena y cada Año Nuevo.
No había grandes artificios. Una mesa larga, a veces improvisada, un comedor amplio y una sensación de hogar difícil de explicar. La comida era sencilla, pero imborrable: dos tortillas de patatas, una con cebolla y otra sin ella. Llevo años buscándolas sin éxito. Quizá porque no era solo la receta, sino todo lo que había alrededor.
Este año, además, la nostalgia pesa un poco más. El pasado 5 de diciembre falleció mi tío Alfonso Ussía, hermano de mi padre. Un escritor único, irrepetible, cuya ironía afilada escondía una defensa firme y honesta de la libertad, la justicia y la unidad de España. Más allá de sus letras, fue un hombre coherente. Su marcha me ha hecho recordar aún más a mi padre, a todos mis tíos, familiares y amigos que ya no están, a mis abuelos y a aquellas Navidades que ya nunca volverán. Y, al mismo tiempo, me ha recordado la importancia de no renunciar a los principios, incluso cuando no están de moda. Ahora más que nunca debemos pelear en pos de este objetivo.
Estas fechas invitan también a reflexionar. Lo he repetido con anterioridad. Tenemos que intentar cerrar el año con algo menos de rencor y algo más de comprensión. Debemos saber perdonar, aunque cueste. No como un gesto puntual, sino como una forma de vivir. El perdón forma parte de nuestra manera de entender la sociedad y la vida, aunque a veces lo olvidemos entre la crispación y el cansancio colectivo de estos tiempos donde tode corre y parece que no nos dejan mirar hacía atrás
En unos días nuestros teléfonos se llenarán de mensajes, algunos sinceros y otros por pura inercia. A mí me resulta un auténtico coñazo. Antes de que eso ocurra, desde La Mirada Norte queremos hacerlo con cercanía: desearles una Feliz Navidad y un año nuevo en el que puedan cumplir, al menos, los objetivos que todos ustedes se propongan.
Juan Ussía/director La Mirada Norte