De la peste al hantavirus: las enfermedades que compartimos con los animales
Un paseo por el campo, una excursión con el perro o la limpieza de una casa cerrada durante meses pueden parecer actividades totalmente cotidianas. Sin embargo, en determinadas circunstancias también pueden convertirse en una vía de contacto con enfermedades que compartimos con los animales: las llamadas zoonosis.

Aunque el término no resulte familiar para muchas personas, las zoonosis han acompañado a la humanidad a lo largo de toda su historia. La peste negra, que devastó Europa en la Edad Media, es probablemente el ejemplo más conocido. Transmitida inicialmente desde roedores mediante pulgas infectadas, provocó millones de muertes y cambió el curso de la historia. Con el paso de los siglos aparecieron otras enfermedades de origen animal como la rabia, el sida, algunas variantes de gripe aviar, la enfermedad de las “vacas locas”, el ébola o, más recientemente, la COVID-19.
En las últimas semanas el hantavirus ha vuelto a aparecer en los medios, recordando que estas enfermedades siguen formando parte de la realidad actual. Este virus, asociado principalmente a roedores silvestres, puede transmitirse al inhalar partículas procedentes de orina o excrementos en lugares cerrados y poco ventilados, como cobertizos, almacenes o viviendas rurales deshabitadas.
Aunque muchos de estos casos son poco frecuentes, los expertos recuerdan que las zoonosis continúan siendo un importante desafío sanitario en todo el mundo… también en España. Hoy en día, los viajes internacionales y la gran movilidad de población facilitan que enfermedades antes limitadas a determinadas regiones puedan aparecer rápidamente en otros países. A ello se suma el contacto cada vez más frecuente entre personas, animales domésticos y fauna salvaje.
Precisamente, los especialistas insisten en la importancia del control sanitario y poblacional de determinadas especies silvestres. Cuando algunas poblaciones animales crecen de forma descontrolada y se acercan cada vez más a zonas urbanas o habitadas, aumentan también las posibilidades de transmisión de enfermedades entre animales y seres humanos. Mantener un equilibrio adecuado entre fauna, medio ambiente y actividad humana es una parte importante de la prevención.
Con la llegada del buen tiempo aumentan además las actividades al aire libre: senderismo, campamentos, excursiones o estancias en el campo. Y con ello también crece el riesgo de exposición a garrapatas, uno de los principales transmisores de enfermedades en nuestro entorno. Por ello, se recomienda revisar siempre la piel y también a las mascotas después de pasar tiempo en zonas de vegetación abundante.
En caso de encontrar una garrapata adherida, los expertos aconsejan acudir a un profesional sanitario o veterinario para retirarla correctamente lo antes posible. También se recomienda evitar remedios caseros o manipularlas de forma inadecuada.
La prevención pasa además por medidas sencillas pero eficaces: utilizar repelentes cuando sea necesario, usar ropa adecuada en el campo, mantener una buena higiene alimentaria, ventilar espacios cerrados antes de limpiarlos y evitar el contacto con animales salvajes o heridos.
Las zoonosis recuerdan que la salud humana, animal y ambiental están estrechamente relacionadas. Desde la peste negra hasta el hantavirus, estas enfermedades siguen demostrando que convivir con la naturaleza también implica conocer sus riesgos y actuar con responsabilidad. En muchas ocasiones, la mejor herramienta para proteger nuestra salud continúa siendo algo tan simple como la prevención y la información.