Cultura y entretenimiento

Chillida: El escultor del viento

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Hasta el 21 de junio podemos disfrutar en el Centro Cultural Conde Duque de una magnífica exposición: «Eduardo Chillida. Soñar el espacio». Con esculturas, obra gráfica, dibujos, collages y retratos, en un total de 102 piezas, de uno de los más grandes artistas del siglo XX.

Nacido en San Sebastián, en 1924, con una emprendedora abuela que gestionaba dos hoteles y  una madre soprano, Eduardo comienza siendo portero de la Real Sociedad, pero tras 14 partidos, una lesión en la rodilla le apartará del fútbol, aunque ya pensaba como escultor porque años más tarde dirá que «el área es un espacio tridimensional  y el balón la intersección entre espacio y tiempo».

Se traslada a Madrid a estudiar arquitectura, pero abandona, porque «la arquitectura está orientada a las respuestas, y a mí me interesan las preguntas». Durante un año se forma en el Círculo de Bellas Artes, «no sé vivir sin dibujar», aunque huyendo de lo fácil, comienza a dibujar con la mano izquierda, para que la herramienta no gobierne la mente.

En 1948 marcha a París, regresa pensando que ya está hecho lo que él hace y «el arte es ir a lo desconocido». En 1950 se casa con Pilar Belzunce, a quien conoció cuando ella tenía 14 años y él 16 , eran vecinos. Chillida no habría sido Chillida sin Pilar, durante los 60 años de matrimonio siempre creyó en su talento,  rescatando lo que iba a la papelera, encargándose de 8 hijos y de ser el soporte práctico para que su marido pudiese centrarse en la creación.  Cuando una vez le comentó: «dices en esta entrevista que trabajas solo…». Eduardo le respondió: «me refiero a solo contigo».    

Frente a su casa en Hernani tiene el taller del herrero,  quien le enseña a trabajar el material y le deja la llave del taller de seis de la tarde a seis de la mañana. Allí crea esculturas viendo el hierro con ojos de artista, volviendo a la luz negra del Atlántico, su arte viene del lugar al que pertenece, el País Vasco, y pasa de trabajar la forma a trabajar el espacio, desafiando los límites, porque «todo se intensifica cuando se está cerca de los límites».

También trabajará el papel, en collages y gravitaciones, en que superpone varios papeles, tratados con tinta o recortados, cosidos con hilo, quedando suspendidos o «gravitando», el papel como escultura.

En 1985 la pareja compra en Hernani el caserío de Zabalaga, del siglo XVI, en ruinas, durante 17 años  lo diseñan y arreglan, convirtiéndolo en el Museo Chillida-Leku,  «algo así como el hogar paterno para mis obras».                

Hombre humilde, espiritual, que siempre defendió la paz y la tolerancia, artista vasco que trabajó en los años del terrorismo,  mantuvo  que «vale más una persona, cualquier persona, que una bandera, cualquier bandera».

Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes y Premio Príncipe de Asturias de las Artes, falleció en 2002, descansa en el Chillida-Leku.

Nos dejó un artista que defendió que «el hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo».

Rosario Tamayo Lorenzo