Cultura y entretenimientoOpinión

Carmen Martín Gaite: una de chica de provincias

Compartir
s
Así le gustaba definirse a esta escritora, a la que recordamos con su media melena encanecida y su boina, de cuyo nacimiento se cumplen 100 años en este 2025. Novelista, crítica literaria, guionista, traductora en seis lenguas…siempre defendió, en su vida y en su obra, los sueños y el deseo de liberarse de una vida adjudicada.


Nace en Salamanca, su padre es un notario aficionado a la literatura, amigo de Unamuno y con una gran biblioteca, y de su madre, gallega de Orense, “medio meiga, medio bruja”, heredará su afición por la fantasía.


Vive la guerra civil, escribe poey cuentos desde los 13 años y tras completar sus estudios de Filosofía y Letras, se traslada al gris Madrid de los años 50. Allí, su amigo Ignacio Aldecoa, compañero de Universidad, le presentará a un grupo de escritores, como Luis Martín-Santos, Alfonso Sastre, Jesús Fernández Santos, Josefina Aldecoa y al que luego será su marido, Rafael Sánchez Ferlosio. En este círculo literario, conocido como la Generación de la posguerra, arranca su vocación de escritora.


En 1954 gana, con “El balneario”, el premio Café Gijón, más tarde, en 1957, con “Entre visillos”, obtiene el premio Nadal, aunque no le dijo a su marido que se había presentado, “temí que me desanimara con sus críticas”.


Nace su primer hijo, Miguel, que morirá de meningitis a los siete meses, Carmen recupera la ilusión cuando dos años más tarde nace su hija Marta.
Pero su matrimonio hacía aguas, su marido escritor vivía en su torre de marfil, entregado a su obra, ajeno a la realidad. Delibes dirá “Carmen es como una viuda que tuviera al muerto en casa”. Ya separada, en la dedicatoria de su tesis “Usos amorosos del siglo XVIII”, Carmen escribe “para Rafael, que me enseñó a habitar la soledad y a no ser una señora”.


Su éxito como escritora va en ascenso, en 1978, con “El cuarto de atrás”, recibe el Premio Nacional de Literatura, convirtiéndose en la primera mujer en obtenerlo; en 1994 le conceden el Premio Nacional de las Letras. Pero Carmen vivirá en 1985 su mayor tragedia; su hija Marta, filóloga inglesa, traductora de autores como Kipling o Patricia Highsmith, fallece a los 29 años, víctima del sida, tras haber vivido intensamente la movida madrileña.


Se refugia entonces en su casa de El Boalo, más tarde huye a Nueva York, donde rememora a su hija con su “Caperucita en Manhattan”. Aún nos deja títulos como “Nubosidad variable”, “La reina de las nieves”, “Lo raro es vivir”, o “Irse de casa”. Falleció en Madrid, el 23 de julio del 2000, víctima de un fulminante cáncer de hígado.

Nos dejaba una verdadera mujer de letras que entendió que “vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, compartir el vino con los vivos, recordar con orgullo la lección de los muertos, saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar…y vivir es reírse”.