‘The Brutalist’, es la historia de un superviviente al Holocausto Nazi que nos recuerda lo mejor del cine clásico.
Es una de las principales candidatas a varias de las categorías de los Óscar y el director, Brady Corbett, nos trae una de las apuestas más ambiciosas de esta temporada de premios.
BettyGS
The Brutalist cuenta la historia de Lászlo Tóth, un arquitecto húngaro superviviente del Holocausto que emigra a Estados Unidos en la posguerra con la esperanza de encontrar una vida mejor.
El argumento repasa de forma reflexiva la naturaleza del dolor y el trauma generacional. Pero también, en cómo el arte es capaz de ser el vehículo necesario para sanar tanto el espíritu como la mente. El director Brady Corbet toma la capacidad de la arquitectura y el diseño para enaltecer el mundo gracias a la belleza y lo transforma en una obvia metáfora
El guion, que escribe el mismo director junto a Mona Fastvold, enfoca su atención en László Tóth (Adrien Brody, de premio), el un judío húngaro que viaja a Norteamérica para rehacer su vida. Eso, dejando atrás una larga carrera como arquitecto y con toda la intención de comenzar de nuevo. The Brutalist evita con habilidad los habituales clichés en dramas históricos, de modo que László es mucho más un hombre decidido a continuar, que una víctima. No obstante, toda su energía y esfuerzo, esconden el dolor, pero la trama lo muestra sin ser obvia ni recurrir a la sensiblería.
The Brutalist es emotiva y conmovedora, sin recurrir a giros melodramáticos o situaciones directamente pesimistas. Antes que eso, usa el hecho del quehacer artesanal, como una vía para entender lo que ocurre en el mundo interior de László y la importancia que la habilidad y el trabajo tienen en su vida.
Lo que ha causado fuertes reacciones sobre la película de Corbett es su duración: casi tres horas y media. Si eres un verdadero cinéfilo y esto no te echa para atrás, no te la pierdas en Kinépolis.
Sinopsis
Antes de la invasión nazi de Hungría, el arquitecto judío László Tóth (Adrien Brody) era célebre como pionero visionario del estilo Bauhaus. Sin embargo, en 1947 llega a Estados Unidos completamente desamparado, habiendo tenido incluso que dejar atrás en Europa a su esposa Erzsébet (Felicity Jones) y a su sobrina Zsófia (Raffey Cassidy), que se ha quedado muda. Al principio puede contar con la ayuda de su primo Attila (Alessandro Nivola), pero su celosa esposa católica Audrey (Emma Laird) se encarga de que László acabe en la calle: A duras penas consigue mantenerse a flote haciendo trabajillos en la construcción, mientras pasa las noches con su nuevo mejor amigo Gordon (Isaach De Bankolé) en un albergue cristiano para hombres (y sigue inyectándose morfina, a la que es adicto desde que le curaron con ella sus graves heridas faciales durante la travesía a Nueva York).