Socorristas
¡Qué calor! Llega el verano, el calor que algunos detestan, los aires acondicionados tan importantes como a veces molestos, la ropa de manga corta, la búsqueda de la sombra y el tiempo de piscinas. Lo que no sabemos si ha llegado es el socorrista, que ahora mismo es quien decide cuándo se abren las piscinas y, por supuesto, quién, dónde y hasta qué punto nos podemos bañar en playas y piscinas.
La última
En 2025 murieron en España por ahogamiento no intencional 241 personas en playas y 49 en piscinas. Solo 52 de esos fallecimientos ocurrieron en zonas donde había servicio de socorrismo activo. Así que sirva este artículo como homenaje a su labor, pero también como crónica de pensamientos que una tiene cuando llega el verano y descubre que ya no sabe si la piscina abre cuando hace calor o cuando aparece, por fin, el socorrista.
¿Son ustedes de veranos en España? ¿Eligen norte o sur? Pues fíjense que, entre todas las diferencias de las que seguro hablamos entre un tipo de veraneo y otro, también tienen mucho que ver los socorristas.
En mi experiencia personal, los socorristas de las playas del norte funcionan como un ejército de “Toms Cruises” en Misiones Imposibles. Todo medido para que, en cuanto el pie entra en zona de corriente, y sin importar el cuerpo que hace de boya a ese pie, te peguen el silbido de tu vida para que lo saques mientras balbuceas: “si solo era un pie…”. Sí, lo sé, que es que hay corrientes. Pero sí, también reconozcamos que a veces se pasan. Todo sea por nuestra seguridad.
En el sur, en cambio, con bandera roja, te dejan muchas veces hasta la rodilla. Y si te ven “valiente de más”, bajan de sus torres, se acercan a verte de cerca y te dicen un: “quiya, no avances más, que están malamente las corrientes”. Y logran que sonrías y que salgas del agua sintiendo que hay un amigo en el socorrista del sur.
Otra cosa aparte son los socorristas de las piscinas de las urbanizaciones, clubes o espacios municipales. Disfrutar de ellas depende del socorrista porque está prohibido, bajo amenaza de soponcio colectivo del vecindario, que una persona adulta se atreva a bañarse sin su presencia.
Feliz verano a todos los socorristas que nos cuidan y vigilan en nuestros momentos de ocio. Si todos cumpliéramos las normas y usáramos el sentido común, seguramente sería mucho más fácil para ellos.