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Sergio Contreras: “Con Chávez comenzó la persecución, con Maduro llegó la crueldad”

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Padre de dos hijos, con su familia dispersa por 16 países y marcado por la muerte de su hermano gemelo en Venezuela, Sergio Contreras conoce de primera mano la represión, la cárcel y el exilio. Hoy vive en Alcobendas y, tras visitar 14 parlamentos occidentales en los últimos meses, continúa defendiendo la liberación de los presos políticos y la restauración de la democracia en su país.

—Para quien no le conozca, ¿quién es Sergio Contreras?

Soy abogado y periodista venezolano. Durante años trabajé en medios de comunicación y participé activamente en la defensa de la democracia en mi país. Esa implicación me convirtió en un objetivo del régimen. Fui preso político, sufrí torturas y persecución, y hoy vivo exiliado en España, desde donde sigo defendiendo los derechos humanos.

—¿Qué ocurrió el día de su detención?

Fue durante una manifestación en la que estaban agrediendo a cuatro mujeres de casi 60 años. Pedí a los medios que grabaran lo que estaba ocurriendo, que identificaran a los agentes y documentaran los hechos. Eso bastó para que se dictara una orden de captura inmediata contra mí.

—¿Cómo fue el trato tras el arresto?

Me golpearon brutalmente. Me fracturaron varias costillas, me lesionaron una pierna y sufrí una violencia extrema desde el primer momento. Pasé por distintos cuerpos de seguridad y quedó claro que no era una detención legal, sino un castigo político.

—¿Por qué centros pasó durante su cautiverio?

Estuve en dependencias policiales, en El Helicoide y finalmente en instalaciones de contrainteligencia militar. Allí viví lo peor: interrogatorios constantes, torturas físicas y psicológicas, aislamiento y un desgaste que te hace perder la noción del tiempo.

—¿Qué intentaban obtener de usted?

Querían que grabara vídeos incriminando a dirigentes de la oposición, acusándolos de terrorismo. Me negué catorce veces. Cada negativa implicaba castigos adicionales y un empeoramiento de mis condiciones.

—¿De qué delitos fue acusado?

De traición a la patria, rebelión militar y sustracción de armas y explosivos. Un relato completamente inventado. Llegaron a decir que iba a dar un golpe de Estado con cuatro mujeres sexagenarias. En una dictadura, la lógica no importa.

—Durante un tiempo estuvo desaparecido. ¿Cómo lo vivió su familia?

Fue una desaparición forzada. Durante días mi esposa no supo dónde estaba ni qué me habían hecho. Esa incertidumbre es una forma más de tortura, no solo para el detenido, sino para toda su familia.

—Su salud se deterioró gravemente en prisión. ¿Qué ocurrió?

Perdí más de treinta kilos y sufrí una necrosis en una arteria que casi me cuesta la vida. Me sacaron para operarme, pero el hospital no tenía medios. Finalmente me excarcelaron por motivos médicos, aunque con medidas cautelares muy restrictivas.

—Tras salir de prisión, ¿pudo rehacer su vida en Venezuela?

No. El periódico en el que trabajaba fue tomado por hombres armados, mi familia estaba vigilada y cada salida de casa era un riesgo. Cuando recibí una nueva orden de detención entendí que tenía que huir.

—¿Cómo fue su salida del país?

Extremadamente compleja. Mi esposa, embarazada de ocho meses, salió primero hacia España con apoyo diplomático. Yo tuve que hacerlo por otra ruta, atravesando decenas de controles, con una orden de captura activa.

—Hablemos de los responsables políticos. ¿Fue peor Chávez o Maduro?

Maduro ha sido peor. Con Chávez comenzó la persecución y la destrucción institucional, pero con Maduro llegó la crueldad. Chávez tenía un proyecto autoritario; Maduro gobierna exclusivamente desde la violencia.

—¿Qué opinión le merece la detención de Nicolás Maduro?

Creo que es un mensaje contundente contra la impunidad. Durante años, el régimen actuó convencido de que nunca habría consecuencias. La detención de Maduro supone un paso histórico para las víctimas, para los presos políticos y para dejar claro que los crímenes de lesa humanidad no prescriben y que, tarde o temprano, se responde ante la justicia.

—¿Qué encontró al llegar a España?

—Dignidad. Inicié el proceso de asilo, pasé por centros de acogida y luego por el Centro de Acogida de Refugiados de Alcobendas. Vivimos con lo justo, pero con respeto y humanidad.

—¿Por qué decide quedarse en Alcobendas?

Porque aquí nos acogieron. Aquí mis hijos han crecido y he podido empezar de nuevo, sin dejar de luchar por mi país.

—¿En qué consiste su labor actual?

Impulsamos la ONG Refugiados Sin Fronteras, desde la que apoyamos a personas refugiadas y víctimas de violaciones de derechos humanos. Ayudamos de forma directa a más de 700 familias, además de ofrecer acompañamiento legal y apoyo social.

—En los últimos meses ha intensificado su actividad internacional.

Sí. He visitado 14 parlamentos de países occidentales para defender la liberación de los presos políticos venezolanos y denunciar las violaciones sistemáticas de derechos humanos.

—¿Volverá algún día a Venezuela?

Volveré cuando haya democracia, seguridad y Estado de Derecho. Hasta entonces, seguiré defendiendo la libertad desde aquí.