La vuelta de vacaciones también pasa factura a las mascotas
El mes de Septiembre supone también una vuelta a la rutina para perros y gatos. Tras semanas de playa, campo, viajes o estancias en residencias, los veterinarios recomiendan aprovechar estos días para comprobar que el verano no ha dejado problemas de salud.
LMN
Con el final de las vacaciones regresan los horarios habituales, los paseos de siempre y, en muchos hogares, varias horas al día sin compañía. Pero antes de recuperar completamente la normalidad conviene prestar algo de atención al estado de nuestras mascotas.
Una de las primeras revisiones debe centrarse en pulgas, garrapatas y otros parásitos, especialmente en animales que durante el verano hayan pasado más tiempo en el campo, la montaña, jardines o residencias. También conviene comprobar si han aparecido picaduras, heridas, zonas enrojecidas o pequeñas lesiones en la piel.
Atención a la piel, el pelo y las almohadillas
La playa y la piscina también pueden dejar huella. La arena, el agua salada, el cloro y, sobre todo, mantener el pelo húmedo durante demasiado tiempo pueden favorecer determinados problemas dermatológicos.
Las almohadillas son otro punto que merece una revisión después de semanas de largos paseos, caminos, arena o superficies especialmente calientes. Grietas, heridas, inflamación o molestias al caminar son señales que no deberían pasarse por alto.
En septiembre comienza además a hacerse más visible la muda estacional del pelo. Una mayor caída puede ser normal, pero la aparición de calvas, picor constante, falta de brillo o un lamido excesivo aconseja consultar al veterinario.
También tienen que volver a la rutina
No todos los cambios son físicos. Los perros y gatos que durante las vacaciones han estado acompañados prácticamente todo el día pueden notar especialmente el regreso de sus propietarios al trabajo y al colegio.
Cambios de comportamiento, mayor nerviosismo, lamidos continuos o un acicalamiento excesivo pueden aparecer durante este periodo de adaptación. Sin embargo, los especialistas advierten de que no todo debe atribuirse automáticamente al denominado estrés postvacacional, ya que detrás puede existir también algún problema físico.
Recuperar progresivamente los horarios de comida, descanso, juego y paseos ayuda a que el cambio sea menos brusco. Septiembre puede convertirse así en un buen momento para hacer una pequeña puesta a punto de perros y gatos antes de afrontar el otoño.