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Longevidad y Peakspan: la paradoja

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Durante años, la conversación sobre longevidad acaparaba dos conceptos principales: lifespan, es decir, cuántos años vivimos, y healthspan, cuántos de esos años transcurren sin enfermedad o discapacidad importante. En 2026, una nueva propuesta conceptual empieza a cambiar el enfoque: Peakspan.

Este término ha sido desarrollado en el artículo “Peakspan: Defining, Quantifying and Extending the Boundaries of Peak Productive Lifespan”, cuyos autores Alex Zhavoronkov, Kejun Ying y Dominika Wilczok publicaron en Aging and Disease (2026). Los autores plantean una idea poderosa: no basta con medir cuánto vivimos o cuánto tiempo permanecemos libres de enfermedad; también debemos medir cuánto tiempo mantenemos al menos el 90% de nuestra capacidad funcional máxima.

La gran paradoja de la longevidad moderna es que vivimos más, pero envejecemos funcionalmente demasiado pronto.

Las imágenes adjuntas muestran muchos sistemas fisiológicos alcanzan su mejor rendimiento relativamente temprano en la vida. La capacidad cardiorrespiratoria, el sistema cardiovascular, la función musculoesquelética, el sistema inmune o el endocrino suelen situar su pico entre los 20 y 30 años. Incluso la velocidad cognitiva puede alcanzar su máximo antes de los 25 años. Esto significa que una gran parte de la población pasa 30 o 40 años de vida adulta funcionando “normal”, pero ya lejos de su máximo potencial fisiológico.

Precisamente el vacío que intenta llenar el concepto de Peakspan. Una persona puede no estar enferma, tener una vida autónoma y cumplir con sus actividades cotidianas, pero aun así haber perdido una parte significativa de su rendimiento físico, cognitivo o biológico. En otras palabras, puede estar sana, pero ya no estar cerca de su mejor versión. Según los autores, esta diferencia entre salud clínica y rendimiento máximo define una nueva forma de entender el envejecimiento.

 El artículo subraya que el envejecimiento es inevitable, pero la velocidad a la que ocurre no tiene por qué serlo. Esta frase resume el espíritu de la propuesta: el verdadero reto de la longevidad no es solo añadir años a la vida, sino añadir años de alta capacidad. Por eso, extender el Peakspan implicaría conservar durante más tiempo la función óptima del organismo, retrasando la pérdida de rendimiento que suele comenzar mucho antes de que aparezca la enfermedad.

Los autores también destacan el papel de la inteligencia artificial en este nuevo paradigma. A través de biomarcadores, wearables, datos clínicos, pruebas funcionales y modelos de envejecimiento, la IA podría ayudar a detectar cuándo una persona empieza a salir de su Peakspan, qué sistema está deteriorándose antes y qué intervenciones podrían frenar ese proceso. Esto abre la puerta a una medicina más preventiva, personalizada y orientada no solo a evitar enfermedad, sino a preservar capacidad.

Desde una perspectiva social y económica, la idea es igualmente relevante. Mantener a las personas más tiempo cerca de su máximo rendimiento tendría implicaciones directas en productividad, autonomía, calidad de vida y sostenibilidad de sociedades como Alcobendas cada vez más envejecidas. En definitiva, Peakspan aporta una nueva lente para entender la longevidad.

Paul Cordones/director Salud Zagros La Moraleja