Libros: de la pasión a la obsesión en dos novelas
De dónde surge la pasión, y cómo se puede convertir en una obsesión enfermiza, es algo que otros autores han tratado de responder.
LMN
En Pura pasión, la Nobel Annie Ernaux narra (como siempre, basándose en sus propias vivencias) en cómo esa pasión se puede convertir en una relación de dependencia en la que todo lo demás carece de importancia. Desde el lado opuesto, el de la masculinidad, Philip Roth abordó algo similar en El animal moribundo, el relato de un profesor universitario, en plena revolución sexual, que se ve arrastrado a un agujero de celos por una mujer a la que casi triplica su edad.
Pura pasión Annie Ernaux
«A partir del mes de septiembre del año pasado, no hice otra cosa que esperar a un hombreá: que me llamara y que viniera a verme»; así empieza la historia sobre la pasión de una mujer culta, inteligente, económicamente independiente, divorciada y con hijos ya mayores, que pierde la cabeza por un diplomático de un país del Este «que cultiva su parecido con Alain Delon» y siente especial debilidad por la buena ropa y los coches aparatosos. Si el tema que da lugar a esta novela es aparentemente trivial, no lo es en absoluto la vida que lo alienta. Muy pocas veces antes se había hablado con tan descarnado descaro, por ejemplo, delásexo masculinoáo deládeseo que idiotiza, que trastoca. La escritura aseptica y desnuda de Annie Ernaux consigue introducirnos, con la precisión de un entomólogo que observa un insecto, en el febril, extasiado y devastador desvarío que cualquier mujer —¿y cualquier hombre?—, en cualquier lugar del mundo, ha experimentado sin duda al menos una vez en su vida.
El animal moribundo Philip Roth
En esta novela de 2001, Roth retoma al personaje de David Kepesh (El pecho y El profesor del deseo). Kepesh tiene aquí ya más de sesenta años, es un eminente crítico televisivo y uno de los catedráticos estrella en una universidad neoyorquina cuando conoce a Consuela Castillo, una atractivísima estudiante de veinticuatro, de modales refinados e hija de un matrimonio de ricos exiliados cubanos. Empiezan una aventura sexual que resulta ser una bomba que hace añicos el mundo intelectual y erótico de David. Desde la revolución sexual de los sesenta, cuando abandonó a esposa e hijo, Kepesh se ha dado a experimentar lo que llama «la masculinidad emancipada», escapando al alcance de la familia o de una pareja. Con los años ha logrado refinar lo que mamó de esa exuberante década de protesta y libertad hasta encajarla en una vida plenamente ordenada, donde sigue teniendo, con jóvenes estudiantes, vías de escape al mundo del eros y asimismo sabe mantener la distancia estética suficiente. Pero la juventud y belleza de Consuela, «una obra maestra de la voluptuosidad», desarman por completo los constructos por los que se rige David, quien se ve convertido en un posesivo obseso sexual condenado a arrastrarse por el oscuro lodazal de los celos. En la narración del descenso de Kepesh, Roth despliega un impresionante repertorio de variaciones sobre eros y tánatos, la licencia y la represión, el egoísmo y el sacrificio. Con El animal moribundo –título tomado del poema de W.B. Yeats «Navegando hacia Bizancio»: «Mi corazón entero consumid, que está enfermo / de tanto desear y, atado a un animal / que agoniza, no sabe ya ni qué es; dejad / que me acoja al artificio de la eternidad»– Philip Roth logró una de sus novelas más penetrantes y abrasivas.