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Las rosquillas de San Isidro vuelven a endulzar Madrid durante las fiestas patronales

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Las tradicionales “tontas”, “listas”, “francesas”, “de Santa Clara” y “jubilares” regresan a las pastelerías y verbenas madrileñas coincidiendo con la celebración de San Isidro, patrón de la capital.

Madrid ya huele a verbena, claveles y rosquillas. Con la llegada de las Fiestas de San Isidro, la ciudad recupera una de sus tradiciones gastronómicas más emblemáticas: las rosquillas del santo, un dulce castizo que cada mes de mayo protagoniza escaparates de pastelerías, reuniones familiares y meriendas populares junto a la ermita dedicada al patrón madrileño.

En torno al 15 de mayo, miles de madrileños y visitantes se acercan a la Pradera de San Isidro para celebrar las fiestas municipales y cumplir con una costumbre que forma parte de la identidad cultural de la ciudad: degustar las rosquillas acompañadas del agua de la fuente del santo. Una tradición que ha pasado de generación en generación y que sigue muy presente en el calendario festivo madrileño.

Entre las variedades más populares se encuentran las clásicas “tontas”, consideradas las más antiguas y sencillas. Elaboradas únicamente con una masa de huevos, aceite, azúcar, harina y anís, destacan por su sabor tradicional y textura suave.

Frente a ellas aparecen las “listas”, reconocibles por su acabado brillante y dulce. A diferencia de las anteriores, no incorporan anís en la masa y, una vez horneadas, se bañan en un jarabe de azúcar y limón antes de cubrirse con un glaseado cítrico que les aporta su característico sabor.

Otra de las favoritas son las “francesas”, elaboradas a partir de la misma masa que las tontas pero cubiertas con almendra en grano adherida mediante una capa de yema de huevo. Su acabado crujiente y tostado las convierte en una de las variedades más apreciadas por los amantes de la repostería tradicional.

Las rosquillas “de Santa Clara” también mantienen un lugar destacado durante estas fechas. Se distinguen por su cobertura blanca de merengue elaborado con claras montadas y azúcar, que aporta un sabor más suave y delicado.

A esta tradición centenaria se sumó en 2022 una nueva variedad: las “jubilares”. Creada con motivo del Año Santo de San Isidro, esta versión incorpora una cobertura de chocolate que moderniza el clásico dulce madrileño sin perder su esencia popular.

Durante estos días, obradores y pastelerías de toda la capital incrementan su producción para responder a la alta demanda de unos dulces que representan mucho más que una receta. Las rosquillas de San Isidro forman parte del patrimonio gastronómico y sentimental de Madrid y se han convertido en uno de los grandes símbolos de unas fiestas que cada primavera llenan la ciudad de música, chotis y tradición.