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La libertad de elegir no tiene edad

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La medicina ha cambiado mucho con el paso del tiempo. Lo que antes era una relación paternalista, donde el médico decidía casi todo por el paciente, ha ido transformándose hacia un modelo más participativo, en el que la persona tiene un papel cada vez más activo en su propia salud.

Este cambio es positivo. Hoy los pacientes preguntan, se informan y quieren entender lo que les ocurre. Lejos de ser un problema, esto debería fortalecer la relación entre médico y paciente.

Porque el paciente no es un adversario. Es el centro de toda práctica médica y nuestro principal aliado. La relación debería basarse en la confianza, el respeto y el diálogo, caminando juntos hacia la mejor decisión posible.

Muchas veces, desde nuestra vocación de ayudar, nos cuesta entender que una persona no elija el tratamiento que consideramos más adecuado. Sabemos que, desde el punto de vista médico, puede ser la mejor opción. Pero lo que para nosotros es un acto sencillo, para algunos pacientes supone un gran cambio que afecta a su vida diaria y a su bienestar.

Lo mismo ocurre con los familiares, que casi siempre actúan desde el cariño y el deseo de proteger. Sin embargo, en ocasiones, ante una prueba o un tratamiento importante, toman decisiones por el paciente para evitarle preocupaciones o porque creen que no va a entender la situación.

Mi experiencia me ha enseñado que, cuando se explica con calma, con palabras sencillas y desde la honestidad, la mayoría de las personas mayores comprende lo que ocurre y son capaces de decidir. No son niños. La fragilidad o la pérdida de autonomía no los convierte en incapaces. Siguen siendo personas con historia, valores y deseos propios.

Excluirlos de decisiones que afectan directamente a su cuerpo y a su vida, aunque sea con buena intención, puede generar más sufrimiento que alivio.

Con los mayores solemos adoptar, casi sin darnos cuenta, una actitud paternalista. Creemos que la edad limita su capacidad para decidir, y en muchos casos esto no es cierto. Por eso es tan importante hablar de estos temas antes de que se conviertan en una urgencia: conversar en familia, expresar deseos, miedos y límites, y pedir orientación profesional cuando sea necesario.

Existen herramientas como el testamento vital, donde una persona deja constancia de sus deseos ante situaciones extremas. Pero entre la plena salud y esos momentos críticos hay muchas situaciones intermedias que solo se comprenden cuando se viven de cerca.

Hacer partícipe al paciente en las decisiones sobre su tratamiento, opciones y pronóstico genera tranquilidad y una sensación muy valiosa: la de seguir llevando las riendas de su propia vida.

Cuidar es complejo. Cansa, angustia y genera muchas preocupaciones. Pero ser cuidado tampoco es fácil. La sensación de fragilidad y dependencia no suele ser agradable para nadie.

La medicina no es solo curar. También es aliviar, acompañar y escuchar. Y cuidar no es solo dar lo mejor de uno mismo: es comprender, aceptar y dejar ser.

Encontrar ese equilibrio no es sencillo, pero con diálogo y respeto, es posible.

Dra. Celia Reigía Vales