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La comunicación en “Topless”

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Con la llegada del verano y el incremento de bañistas en las playas, observamos un verdadero desfile de estilos diferentes. Dicen que en la variedad está el gusto, pero la verdad es que no siempre es así. Lo mismo parece opinar la legión de detractores de uno de los anuncios de la reciente campaña de Nocilla, protagonizado por un abuelo que confunde un vibrador con un termómetro; una adolescente dispuesta a explicarle a su abuelo lo que realmente es; y, por supuesto, unas tostadas untadas de leche, cacao, avellana y azúcar.

Personalmente, me ha gustado el anuncio y me gusta la Nocilla. Muchos han visto en esta historia un desprecio hacia la inteligencia de una persona mayor que no sabe qué es un «Satisfyer». Quizás porque yo misma podría haberlo confundido con un termómetro, el anuncio me ha arrancado una sonrisa. Sin embargo, la audiencia ha enfurecido. ¿Qué hace un vibrador en un anuncio de Nocilla? ¿Tratan de tontos a las personas mayores? ¿La Nocilla no era un producto para niños y familias? Y yo, sin perder la sonrisa, no paro de pensar si acaso una adolescente con su abuelo no forman una familia.

Como siempre, nos dejamos llevar por las opiniones sin preguntarnos cuáles eran los objetivos de la campaña. Imagino que Nocilla quería acercarse a un público más amplio e introducir una nota divertida y moderna… ¡vibrante! Pero lo más sorprendente ha sido la reacción en las redes sociales, que ha dado lugar a dos tendencias: una que quiere prohibir la Nocilla porque no es sana, y otra, del grupo «no todo vale», que afirma que la campaña se diseñó así para generar ruido y multiplicar su efecto.

A mí me parece que, en esta época estival, la comunicación se atreve más y se muestra más desnuda, directa y sin filtros: en topless. Los anuncios publicitarios, como el de Nocilla, aprovechan esta libertad y apertura del verano que supuestamente es un tiempo de relajación y disfrute, donde se nos presupone más receptivos a mensajes que rompan con la rutina y los convencionalismos. Pero nada, ni en verano dejamos de lado la crispación. ¡Por un anuncio y con la que está cayendo!

El “topless” es una forma de expresión libre y desinhibida. Y eso es lo que intentan muchas campañas en verano: despojarse de lo convencional para impactar y resonar con una audiencia más amplia y diversa. Este enfoque «topless» en la comunicación puede generar polémica, pero también abre un espacio para el diálogo y la reflexión.

La controversia generada por la campaña de Nocilla es un ejemplo perfecto de cómo la comunicación veraniega puede ser un arma de doble filo. Mientras que para algunos puede resultar fresca y divertida, para otros puede ser un motivo de indignación. Al igual que el topless, la comunicación desnuda tiene el poder de desafiar normas, provocar reacciones intensas y convertirse en una invitación a ser más abiertos si estamos dispuestos a dejarnos llevar.

Precisamente, y pese a todas las tristezas que protagonizan las noticias, disfrutemos del verano y de su capacidad para sorprendernos, hacernos reír y, a veces, sacudirnos un poco. Al fin y al cabo, el verano es para eso: buen rollo, apertura y, quién sabe, quizás aprender a ver las cosas desde una perspectiva diferente.

Feliz verano.