¿Hablar de política sin enfadarse?
Quizá parezca una utopía y soy la primera que no lo logra; pero quiero confiar que es posible. Estamos en un momento en el que todo nuestro entorno parece buscar un enfrentamiento generalizado y se impone el veto de silencio entre los que sabemos o sospechamos que votan diferente. Y digo votan – no piensan – porque a veces se vota distinto aunque se piense en muchas cosas igual.
Tambab
Criticamos que los políticos dediquen su tiempo a ponerse a parir unos a otros para luego nosotros hacer lo mismo. Que España es diversa es algo que todos entendemos pero nos falta aceptar esa diversidad y para eso nada mejor que escucharnos para ver qué tenemos en común (que seguro es mucho) y qué nos lleva a votar distinto.
En todos los periodos electorales, me llegan por igual mensajes que hablan de un votante de derechas muy poco cultivado y cero intelectual que vota cual borrego, frente a un votante de la izquierda pensativo, analista y exigente. También me llegan mensajes que llaman destructores del país al votante de izquierdas, frente a un votante de derechas que se queda solo defendiendo al país y a la familia. ¿De verdad es así de simple? A mí me suena tan ridículo escuchar que no hay intelectuales en la derecha como oír que un votante de izquierdas no puede tener mucho dinero. Demagogia barata que lamentablemente hace mucho daño. No seamos borregos y no nos tratarán como tales.
¿Le dedicamos el suficiente tiempo a la política como para luego opinar tan cargados de razón como lo hacemos? ¿Queremos convencer o queremos charlar y contrastar? ¿Si vota algo que yo no puedo concebir ya le considero culpable? ¿Dividimos a los españoles entre fachas y bolivarianos? ¿Me tomo las críticas a mi opción política como un ataque personal? ¿Insulto a los votantes de una opción política distinta a la mía? ¿Los desprecio? ¿Pienso inmediatamente que van a acabar con España?
En función de las respuestas a las preguntas hechas, no deberíamos quejarnos de que los políticos se trabajen el enfrentamiento. Ojalá las personas nos uniéramos bajo la consigna de “no nos separarán” y, siendo mayoría, se lo contagiáramos a los políticos. Nos acogemos al “prefiero no hablar de política contigo” o al “prohibido hablar de política en este grupo de WhatsApp.” La pena es que eso es el más fiel reflejo de que no sabemos enriquecernos de la diferencia.
Algunos dicen que para hablar de política sin enfadarse hay que dejar fuera las emociones. Yo lo considero imposible porque hay creencias muy arraigadas. Pero utilizar esas emociones en positivo, con empatía, centrándonos en conocer por qué piensa alguien diferente, en vez de juzgarle y condenarle, es algo que seguro ayuda.
Tengo un amigo y ambos sabemos que votamos distinto. Su capacidad de análisis, su conocimiento histórico, su talante democrático y, sobre todo, la bandera del respeto que ondea en todas sus conversaciones conmigo, muchas veces me llevan a su terreno. Si los políticos fueran como él, convencerían mucho más que como lo están haciendo. Gracias Luís por hablar tanto conmigo de política, sin enfadarnos y sin borreguismos. Y el 23 de julio… ¡a votar!