Generación Roca
A los nacidos en los 60 y 70 nos llaman de muchas maneras, pero yo nos llamo la Generación Roca. No por la conocida marca de inodoros, sino porque fuimos moldeados por padres y abuelos, que nos enseñaron el valor de la fortaleza, la responsabilidad y el respeto. Ellos vivieron tiempos difíciles y, con su ejemplo, nos enseñaron a enfrentar la vida con resiliencia. Como una roca ante el embate de las olas.
Tambab
El otro día le pregunté a un gran profesional – y mejor persona – por un compañero suyo que había tenido un problema de salud. “Ya está trabajando; con calma, pero ya está haciendo cosas”, me contestó. ¡Qué fortaleza! ¡Qué roca! Los nacidos en esta Generación Roca entendemos el trabajo como una piedra angular que debemos cuidar y respetar, y al que le debemos nuestro tiempo y esfuerzo a cambio del salario. A ti, Jorge, y a tu pronta y total recuperación, te dedico este humilde artículo.
Seguro que Jorge, de pequeño, jugó a algunos de esos juegos que nos hicieron luego tan resistentes. En mi caso, jugaba al “burro” con las cartas. Era un juego muy sencillo: si lograbas tener cuatro cartas iguales, llevabas la mano al centro y gritabas: “¡¡¡BURRO!!!”. Entonces, todas las demás manos caían con toda su fuerza sobre la tuya. El último en poner la mano perdía, y al que perdía le tocaba el castigo: bastos, puñetazos; copas, pellizcos; espadas, capones con el dedo; y oros, arrastrar el puño contra tu mano. Hoy, cuando juego con mis hijos, no hay castigo.
En la piscina, nos jugábamos la vida a diario mientras nuestras madres hacían punto o leían. ¿No veían cómo nos tirábamos de cabeza donde todo el mundo hacía pie? Pues sí, pero en casa había mercromina (de la roja, claro). ¿No veían que su hija pasaba bajo el agua el tiempo suficiente para batir un récord y que es que había una mano sujetando su cabeza? Pues sí, pero… ¡estábamos jugando!
Las cosas han cambiado, y no seré yo quien promueva el castigo o los riesgos innecesarios. Pero tampoco promoveré la protección exagerada que se está viendo en algunas generaciones más recientes. Personas que no saben gestionar la frustración porque ni siquiera conocen su existencia, o que lo quieren todo porque jamás se les ha negado nada. ¡Cuántos aprendizajes se están perdiendo!
Este artículo no es un homenaje a la Generación Roca. Lo es a nuestros padres y madres, que fueron mucho más sabios. A ellos no los oías prevenirte para protegerte a ti, sino que lo hacían para proteger a los demás. Nos decían: «no molestes”, “no grites tan alto”, “no te tires cuando están nadando los mayores”, “a este señor le hablas de usted”. Y nosotros, rocas y esponjas. Y si le hacías daño o molestabas a alguien, casi preferías el castigo del “burro” al de tus padres. No era cuestión de autoridad, era una educación basada en el respeto a los demás y en el bienestar común.
Creo que no debemos olvidar que todos somos rocas, aguantando cada día el embate de las olas. Y que cuantas más rocas juntas, mejor. El “nosotros” por delante del “yo”, aunque ahora mismo eso se escuche tan poco.