Deporte y vida sana

Garrigós, primera medalla (judo) española, enseña el camino en París

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Hacía 24 años que el judo español no se subía al podio de unos Juegos, después de una etapa de esplendor que encadenó tres ediciones consecutivas, desde Barcelona 1992 a Sídney 2000.

Aquel grifo de gloria se cerró de pronto y no se ha vuelto a abrir hasta ahora. Cinco Juegos Olímpicos seguidos sin un podio. El español, estuvo cerca de no pisar la presente edición de los Juegos. Después de caer tanto en Río 2016 como en Tokio 2020 en primera ronda, el madrileño se planteó la retirada. Técnicamente, de hecho, se retiró, pues estuvo un tiempo sin competir. 

Tras su actuación en Japón, estuvo dos meses sin entrenar, pero sintió la necesidad de volver al tatami. Al menos, de probarse.

El sábado, tras colgarse el bronce olímpico, la primera medalla del judo en 24 años, volvió a recordar ese periodo. Tanto él como su entrenador, Quino Ruiz, que también le dio mucho valor al trabajo realizado junto a su psicólogo, Pablo del Río.

Esa química fue una de las grandes claves para que Garrigós, finalmente, no abandonara el judo. Otra tiene que ver con su propia forma de ser, la de un currante, tanto dentro como fuera de los tatamis. Además de deportista, es graduado en Ciencias de la Actividad Física y Deporte y reservista del Ejército del Aire. Antes de volar a París, de hecho, fue recibido junto al piragüista Carlos Arévalo, cabo del Ejército de Tierra, por la ministra de Defensa, Margarita Robles.

Ya son siete las medallas olímpicas que España logra en judo. A la de Fernández y Garrigós, hay que sumar las de Miriam Blasco y Almudena Muñoz –sendos oros en Barcelona’92–; en Atlanta’96 Ernesto Pérez se colgó la plata; y Yolanda Soler y la propia Isabel Fernández, dos bronces también en Atlanta.

Francisco Garrigós, el sargento madrileño, pone fin a la maldición.