Frío o Calor: claves para aplicarlos en el tratamiento de lesiones
El uso de frío y calor es una práctica común en el tratamiento de lesiones, pero saber cuándo aplicar cada uno puede marcar la diferencia en la recuperación. Descubre cómo aprovechar estas terapias para optimizar tu rehabilitación y aliviar el dolor de manera efectiva.
LMN/Doctora Blanca Rodríguez Ayala
Es frecuente preguntarse si es más adecuado aplicar una bolsa de hielo o una manta eléctrica después de una lesión. La decisión entre una u otra depende de la zona afectada y del momento específico. Un uso incorrecto de estas medidas simples podría empeorar la situación.
En términos generales, la Crioterapia o aplicación de frío, es una técnica utilizada en lesiones agudas, recientes, que han sucedido hace menos de 48-72 horas, lo que significa que se encuentran en pleno proceso inflamatorio.
Por el contrario, la Termoterapia o aplicación de calor, se recomienda en patologías de carácter más crónico, que han sucedido hace tiempo, pero también está indicada en el tratamiento de problemas musculares.
¿Cuándo aplicar calor?
El calor en una lesión aumenta el flujo de sangre a la zona dañada, favorece la cicatrización, ayuda a reparar el músculo, mejora el dolor y disminuye la sensación de rigidez.
Por tanto, el calor debe aplicarse en lesiones crónicas, es decir, que han sucedido hace más de 3 días, cuando la fase inflamatoria ya ha pasado; en afectaciones musculares: contracturas, espasmos, rigidez, etc.; antes de la práctica de ejercicio para relajar el músculo en personas deportivamente activas; en caso de agujetas, malas posturas…
El calor nunca debe aplicarse directamente sobre la piel, ya que existe el riesgo de quemaduras. Además, es recomendable mantenerlo un máximo de 20 minutos, unas 3-4 veces al día.
En caso de fiebre, hipertensión arterial o si se han diagnosticado tumores maligno, problemas circulatorios o si existen lesiones en la piel, el paciente debe abstenerse de la aplicación de calor en la lesión.
¿Cuándo aplicar el frío?
La aplicación de frío en una lesión mitiga el dolor por su efecto analgésico “adormeciendo” la zona, disminuye el espasmo de los músculos, contrae los vasos sanguíneos, lo que favorece que paren las hemorragias, y combate la inflamación.
Esto debe aplicarse cuando una lesión es reciente (dentro de las primeras 48 horas), en torceduras y esguinces de tobillo, fracturas, luxaciones, etc., rotura de fibras musculares, sobrecargas, golpes y tendinitis.
El frío nunca debe aplicarse directamente sobre la piel. Se aconseja utilizar bolsas de hielo específicas o, en su defecto, envases de guisantes congelados, compresas frías, hielo envuelto en toallas. Mantener un máximo de 20 minutos sobre la zona dañada y repetir la operación 3 – 4 veces al día.
No debe aplicarse en heridas abiertas, en lesiones en las que ya hayan transcurrido 3 días, si existen problemas renales, circulatorios y/o vasculares o en caso de enfermedades de la piel.
¿Frío y calor?
La aplicación alterna de frio y calor también ayuda a la recuperación de algunas lesiones. Se aplica en caso de edemas, en esguinces de tobillo (después de haber estado 48 horas aplicando frio) y en fracturas después de retirar el yeso.
Siempre se comienza con el agua caliente (38-40ºC, según tolerancia), manteniendo 2-3 minutos la zona sumergida, para después introducirla en el agua fría (10-20ºC) durante 1 minuto más. Es importante acabar el tratamiento en el agua caliente. El máximo recomendado son 15 minutos en total, repitiendo el proceso tres veces al día.

Doctora Blanca Rodríguez Ayala. Médico y asesora nutricional
@blanca4615