Fallece Almudena Grandes, juglar de los perdedores, a los 61 años de cáncer
Nació en Madrid el 7 de mayo de 1960, en el barrio de Chamartín. Estudió Geografía e Historia. Se licenció de lo mismo. Los primeros pasos en el oficio los dio escribiendo textos para enciclopedias, a la vez armaba relatos breves.
Manuel Vega
Almudena Grandes no era una escritora cualquiera. Tenía muchos amigos, que compartía con su marido, el poeta Luis García Montero, actual responsable del Instituto Cervantes, pero también grandes enemigos.
Algunos no pueden perdonar cómo nos narraba las miserias y los desmadres de la derecha antes de la guerra civil, durante ella y, después, en la dictadura.
He tenido la suerte de leer varias de sus obras y, al margen de su interés en el argumento, quiero resaltar, al mismo tiempo que envidiar, su perfecto conocimiento de lo que yo llamo escribir bien, perfecta sintaxis y narrativa impecable.
Su ideología política, que sólo comparto en parte, no le quita, para mí, su excelencia como narradora, ya sea no vela, ensayo o columna. Semanalmente nos regalaba en El País unas cuantas líneas inmejorables sobre asuntos variados pegados a la actualidad de cada momento.
Tenía la curiosidad de la historiadora y la potencia de la novelista. Ambas cualidades le permitían construir unos artefactos redondos, donde el rigor científico y la documentación estaban al servicio de una trama pensada para emocionar y remover
Giro hacia los perdedores
Fue a partir de ‘El corazón helado’, cuando por primera vez se detenía en las vidas de aquellos exiliados republicanos y sus posteriores generaciones de inadaptados, vio el agujero negro por el que se perdían una buena parte de los españoles del siglo XX.
Por poner un ejemplo en ‘Los pacientes del doctor García’ saca a la luz la red montada por Clara Stauffer en Madrid para refugiar a nazis en una dictadura que tanta simpatía había mostrado por Hitler, novela que no pude dejar de leer hasta su final.
Otro ejemplo de una perdedora, la historia de Aurora Rodríguez Carballeira, acaso la parricida más famosa del siglo XX español, que tiroteó a su hija Hildegart Rodríguez Carballeira para no perder su control sobre ella, después de haberla moldeado durante años para convertirla en un modelo de mujer ideal. Aurora, que acabaría ingresada en el manicomio de Ciempozuelos (Madrid), atrapó a la escritora, que la eligió para novelar de su mano los crudos años cincuenta. Fue en ‘La madre de Frankestein’, su última novela publicada.
Siempre comprometida
Vivió con intensidad los años 80, aquel recodo festivo que se denomina Movida madrileña. Malasaña fue la gabarra de un tiempo en el que Almudena Grandes fijó su primera astronomía literaria, llena de ímpetu y estímulos nuevos. De lo gozado y aprendido en aquellos días extrajo su primera novela, ‘Las edades de Lulú’. Era 1989. Una historia con la que ganó el XI Premio La Sonrisa Vertical y que vinculó desde entonces toda su obra a la editorial Tusquets, impulsora del galardón. Una escritura fuerte, cargada de erotismo, de desenfreno, de personajes zarandeados por el deseo. Fue su primer éxito. La novela se tradujo a 20 idiomas. Y, a partir de ahí, comenzó su expedición. Bigas Luna adaptó la historia al cine.
Almudena Grandes no dudó en utilizar siempre su gran exposición mediática para combatir todas las causas políticas que considerara necesarias. La casa del matrimonio ha albergado durante años grandes encuentros entre distintas personalidades de la cultura y de la política. Además, ella presumía de preparar el mejor cocido de la capital. Los versos, las risas y la literatura eran algunos de los principales ingredientes de estas reuniones.
Hincha declarada del Atlético de Madrid y perteneciente a la Peña de los 50, la autora también ponía su voz en el programa ‘Hoy por hoy’ de la SER y escribía, como hemos dicho, en el diario ‘El País’. Fue precisamente en el periódico de Prisa donde anunció públicamente que padecía cáncer.
En su segunda novela, ‘Te llamaré Viernes’ (1991), trazó el itinerario (aún por hacer) de lo que sería su obra narrativa. Gerardo Herrero la adaptó al cine en 1996. Es una historia de amor en un Madrid desangelado. Es una historia de dos seres desconcertados. Es una historia de pulsión y desconsuelo. Pero es con la tercera de sus novelas, ‘Malena no es un nombre de tango’ (1994) cuando asienta ya su territorio en la escritura.
El de su vida lo desplegó en un libro de relatos, ‘Modelos de mujer’ (1991). El Madrid de los últimos compases del siglo XX es, de nuevo, el espacio en el que sucede todo. Volverá a estar en otras novelas. Vinieron después Atlas de geografía humana (1998) -transformada en película esta vez por Azucena Rodríguez-, Los aires difíciles (2002) y Castillos de cartón (2004). La España del siglo XX y del XXI es el lugar donde concreta ya en adelante el volumen de su obra literaria, de un realismo propio donde la introspección psicológica impulsa a los personajes y sus tramas.
Almudena Grandes desarrolló una mirada crítica y atenta a las convulsiones de este tiempo. Muchas veces fue a partir de su propia biografía. Desde muy pronto desarrolla y ondea un compromiso político por el margen de la izquierda. La extinta Izquierda Unida fue su cobijo contra la tormenta. Y desde ahí parte también la construcción de su ideario intelectual.
De esto hizo también oficio a través de sus artículos en prensa, que son la extensión y, a veces, el laboratorio de su costado literario. La memoria también pertenece a la gente anónima y es a ellos a quienes de algún modo se suma y presta voz en los periódicos. Aquellos y aquellas que no tienen sitio en la gran épica del siglo XX son quienes le interesan. Los asuntos ciudadanos que le importan se proyectan hacia los otros. Su mensaje implica a los ‘acallados’, a los sin sitio, a los huéspedes de la periferia del poder. En suma a los perdedores
«Los Episodios» de Almudena Grandes
Otra parte del germen de lo que va a ser su última etapa narrativa está en un extenso y complejo relato de 919 páginas, ‘Los aires difíciles’, donde expone la historia de dos familias españolas a lo ancho de buena parte del siglo XX. Una de filiación falangista y la otra declaradamente republicana. Las dos vinculadas por un matrimonio entre sus hijos.
De algún modo, esta novela es el principio del último de sus proyectos literarios, la serie de novelas titulada 0Episodios de una guerra interminable’: seis novelas independientes que narran momentos significativos de la resistencia antifranquista en un periodo comprendido entre 1939 y 1964.
Hasta ahora ha publicado cinco: ‘Inés y la alegría¡ (2010), ‘El lector de Julio Verne’ (2012), ‘Las tres bodas de Manolita¡ (2014), ‘Los pacientes del doctor García’ (2017) y ‘La madre de Frankenstein’ (2020) -ese año fue nombrada doctora honoris causa por la UNED-. Póstuma saldrá la última de la saga, ‘Mariano en el Bidasoa’, que ha dejado terminada y que fija el argumento en 1964, cuando se cumplen los 25 años de Paz. Este conjunto es su gran legado, el que atraviesa parte de nuestra historia reciente y sus daños.