Fabiola Pérez, se jubila la primera mujer policía en Alcobendas
En agosto de 1997, Fabiola Pérez se convirtió en la primera mujer policía nacional destinada a la comisaría de Alcobendas. Hasta entonces, ninguna otra mujer había patrullado sus calles con uniforme.
Juan Ussía/LMN
Su llegada rompió una barrera simbólica en una plantilla tradicionalmente masculina y marcó el inicio de una transformación que hoy parece natural, pero que entonces fue toda una novedad.
Nacida en Telde, en la isla de Gran Canaria, Fabiola nunca soñó con ser policía. Fue una conversación casual con un agente de su ciudad la que despertó su curiosidad. Se presentó a las oposiciones, superó las pruebas, se formó en la academia de Ávila y comenzó su carrera en Ceuta. Después pasó por Las Palmas y, más tarde, por San Sebastián, donde vivió una etapa intensa, en pleno clima de tensión por el terrorismo.
Fue el nacimiento de su hija lo que motivó su traslado a Madrid. Buscaba estabilidad, conexión con Canarias y una ciudad donde poder criar a su familia. Alcobendas fue su primera opción… y le tocó. Lo que no esperaba era encontrarse sola. “No había ninguna mujer. En otros sitios ya había compañeras, pero aquí era la única”, recuerda
El comienzo no fue fácil. Se encontró con una plantilla muy veterana y estructuras poco abiertas al cambio. “Algunos decían que una mujer debía estar en casa cuidando niños. Pero con trabajo, carácter y buen humor me gané su respeto”. Su paso por diferentes servicios —patrullas, vigilancia, atención ciudadana— le permitió conocer bien a sus compañeros y ganarse un sitio.

Desde dentro, fue testigo de cómo Alcobendas cambiaba. “Cuando llegué, Plaza Norte, el Factory o Ikea no existían. Todo era campo. Se aparcaba sin problema”, cuenta entre risas. También vio crecer la plantilla y la llegada de nuevas agentes. En 2002 llegaron Ana y Rita, y desde entonces las mujeres se han ido incorporando a todos los departamentos.
Durante una etapa, Fabiola fue responsable del seguimiento de mujeres con órdenes de alejamiento por violencia de género. “Las llamaba cada quince días. Algunas denunciaban, otras solo necesitaban hablar. Siempre intentaba acompañarlas”, explica con emoción
En la calle, supo imponerse sin perder la cercanía. “Algún piropo, claro, pero sabías cómo mirarlos para que te respetaran. Y casi siempre estaba con algún compañero”. El respeto del ciudadano, dice, también ha cambiado: “Antes se respetaba mucho más a la autoridad. Hoy todo se graba, se discute. Ha cambiado la calle”.

Fabiola nunca quiso ascender. “Preferí estar con mis dos hijos. Me parecía más importante llegar a casa, poner una lavadora o prepararles la comida”, admite sin arrepentimiento. Su hija, criada entre radios policiales y turnos de noche, eligió otro camino: es higienista dental y vive en Irlanda. En cambio, su hijo sí que quiere seguir la saga familiar y se está preparando para intentar ser Policía Nacional.
En sus últimos años, fue figura clave en la oficina de servicios, organizando turnos y destinos para nuevos agentes. “Conocía a todos, sabía si tenían hijos, si necesitaban turno de mañana o de noche. Intentaba ayudar, hacer la vida más fácil. Para mí, eran como una familia”.
También guarda buen recuerdo de los comisarios con los que trabajó. “Requena era como un padre. Palomo, una maravilla. Para mí el mejor fue Antonio Benito Calvo. Cada uno tenía su estilo, pero había respeto”. A lo largo de su carrera pasó por siete mandos distintos, todos testigos de su compromiso y cercanía.

En enero de 2025 se jubiló. Podía haberse quedado hasta los 65, pero sintió que había llegado el momento. “A veces lo echo de menos. El ritmo, el ambiente, los compañeros… Pero también sé que he cumplido una etapa
Hoy, ya retirada, Fabiola disfruta de su tiempo libre con la tranquilidad de quien sabe que ha dejado huella. “Llegué sola y ahora hay muchas mujeres. Saber que abrí camino para ellas es lo más bonito que me llevo.
Su historia es la de una pionera que transformó desde dentro una comisaría, un equipo y una ciudad. Con carácter, humildad y vocación de servicio, Fabiola supo demostrar que ser policía no depende del género, sino del compromiso con los demás.