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Elegías de Duino, de Rainer Maria Rilke

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Ya están aquí las vacaciones de verano y nada mejor que afrontar el tiempo estival con algunos retos interesantes, más allá de ponernos morenos, descansar, y hacer algo más de deporte. Leer estará sin duda entre los objetivos de este mes de agosto de la mayoría de los lectores de estas páginas. Así que propongo no sólo intentar aumentar nuestro tiempo de lectura durante estas vacaciones, sino leer algo más complejo que nos implique mayor esfuerzo, con la esperanza de aumentar por tanto nuestro nivel de disfrute.

Recuerdo, el año pasado, una de mis visitas a la Fnac de San Sebastián de los Reyes. Me detuve, como suelo hacer, en la sección de poesía. Rápidamente un vendedor se me acercó preguntándome si podía ayudarme en algo. Le despaché rápida y elegantemente. Pero cinco minutos más tarde, al ver que seguía curioseando los estantes, se volvió a acercar simplemente para darme conversación. Un intento inteligente de averiguar qué tipo de lector era para ver qué podía recomendarme.

Finalmente, aquél vendedor resultó ser un lector frenético con un criterio trabajado, así como un poeta amateur que conjugaba pasión y trabajo. Después de una interesante conversación, terminé llevándome tres poemarios. Dos de ellos eran piezas de mi propia caza, y el tercero fue una recomendación de aquél joven vendedor. Era aquel un libro que jamás hubiera comprado si no fuera porque me insistió mucho en su lectura. Era su poemario preferido de todos los que había leído.

El libro resultó ser Elegías de Duino, de Rainer Maria Rilke. Y estuvo durmiendo el sueño de los justos en un rincón de mi mesa hasta que hace poco decidí meterme de lleno con él, después de un breve y fracasado intento. Venía de Cartas a un joven poeta, pero esto era diferente.

Rilke escribió en 1922 estos 10 poemas, apenas 800 versos, en una época donde ya no existía Dios, después de que Nietzsche lo matara dando paso así al materialismo nihilista y a la Gran Guerra (1914-1918).

Lo que plantea el poeta en esta hermosa edición bilingüe de Juan Barja, en Abada Editores (2022), es una alternativa a la religión católica algo más amable que ese materialismo y nihilismo instaurado tras la Primera Guerra Mundial. Se plantean dos alternativas de vivir, estar frente a la vida y estar en la vida. Esto se plantea especialmente en la Octava elegía:

“Sí, con todos los ojos / mira la criatura hacia lo abierto. / Solamente los nuestras están vueltos / hacia sí, en torno a sí, igual que cepos / en torno a lo que es su libre salida.”

Y sigue más adelante:

“Donde nosotros vemos el futuro, / él [el animal] lo ve todo, y, por siempre ya salvado, / a sí mismo ya en todo se contempla.”

Y ya casi en los últimos versos de la elegía:

“¿Quién nos hizo girar de tal manera / que hagamos lo que hagamos, siempre nuestra / actitud es la de uno que se marcha?”

Rilke propone que dejemos de pensar la vida y olvidemos nuestra existencia mortal. Celebrar y participar en la vida, disfrutar del momento presente, prestar atención al exterior, a la realidad. Aquí y ahora. Esta es su receta para escapar del vacío existencial postmodernista que nos acecha en la actualidad. ¡Es verano, leamos a Rilke!

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Pedro Robledo

www.peleandoalacontra.com