Economía y empresas

El nuevo diseño de aerogenerador, financiado por Bill Gates, promete reducir el coste de la energía eólica

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La compañía estadounidense Airloom Energy ha comenzado la construcción de su primera planta piloto en Wyoming con la que prometen revolucionar la producción de energía eólica mundial. 
LMN

Sus pequeños molinos circulares, aseguran, pueden producir la misma energía que los gigantescos aerogeneradores tradicionales. Además, lo hacen ocupando mucho menos espacio y por un coste que supone solo una pequeña parte de lo que nos estamos gastando ahora mismo.

Airloom quiere dejar obsoletos a los enormes molinos de viento con aspas de más de 100 metros de largo que pueblan los parques eólicos de todo el mundo. Su sistema, que ha logrado convencer a inversores de la talla de Bill Gates, se basa en una pista ovalada, sostenida por postes de unos 25 metros, por la que circulan varias palas cortas unidas por un cable.

“Durante décadas, la industria eólica ha reducido costes aumentando el tamaño de las turbinas. Pero ahora, los problemas de ubicación y materiales exigen nuevas soluciones. El enfoque de Airloom puede resolver ambos problemas”, afirmaba en su momento Carmichael Roberts, miembro del fondo de inversión Breakthrough Energy Ventures liderado por Gates.

Se dice que los aerogeneradores son más eficientes cuanto más grandes son. A más tamaño, mejor funcionan y más barato sale, en proporción, su instalación y la producción de energía resultante. Aunque los costes de los materiales, el transporte, la construcción y su mantenimiento siguen siendo enormes cuando se trata de turbinas que alcanzan alturas similares a la de los edificios.

Sin embargo, el diseño de Airloom contradice completamente esta corriente. Sus aerogeneradores son mucho más pequeños y no requieren de la misma altura que sus hermanos mayores para producir energía.

La energía se genera cuando el viento impulsa las palas alrededor del circuito, y se recoge en una toma instalada en uno de los postes. El resultado: un sistema mucho más fácil de transportar (cabe en un solo camión), instalar (sin grúas gigantes ni materiales exóticos) y mantener.

Además, su arquitectura modular permite ajustar el tamaño y la altura según las necesidades del terreno, e incluso deja espacio debajo para instalar paneles solares o seguir cultivando la tierra.

Según la propia empresa, el coste de instalación de un parque eólico completo sería menos del 25% respecto a los sistemas tradicionales, y el mantenimiento supondría apenas el 10%.

Esto, unido al peculiar sistema de generación de energía, puede hacer que el total del precio por kilovatio-hora caiga hasta un tercio del actual, situándose en torno a 1,3 céntimos de dólar por kWh.

“La gente ya está sintiendo el impacto del precio de 60 dólares por megavatio-hora”, afirma Neal Rickner, director general de Airloom, en declaraciones para Tech Crunch. “Nuestros modelos muestran que podemos hacerlo con un sistema único en su género. Si conseguimos ser competitivos en costes con un volumen muy bajo con nuestro primer sistema, eso será un indicador de hasta dónde podemos llegar. Creemos que podemos ofrecer precios disruptivamente bajos, incluso sin subvenciones”.

El primer prototipo piloto, con capacidad para 150 kW y con un circuito de unos 100 metros de perímetro, ya está en marcha en Wyoming. Si todo va según lo previsto, la compañía espera desplegar su primer sistema comercial entre 2027 y 2028, con la vista puesta en centros de datos y bases militares, sectores que buscan alternativas rápidas y baratas para asegurar suministro eléctrico antes de 2030.

La gran baza de Airloom es su promesa de reducir radicalmente el coste nivelado de la energía eólica, facilitando su despliegue en lugares antes impensables y acelerando la transición energética. Además, su diseño compacto y modular podría abrir la puerta a nuevas aplicaciones, incluso en alta mar, aunque la empresa todavía no ha dado detalles sobre este punto.

Si el piloto cumple las expectativas, podríamos estar ante el principio del fin de los molinos gigantes y el inicio de una nueva era de energía eólica barata, flexible y a la carta. Ahora, solo falta que el viento sople a favor.