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El envejecimiento del escalafón taurino en plena Feria de San Isidro

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En estos días en que Madrid hierve de afición con la Feria de San Isidro, las gradas de Las Ventas muestran una imagen vibrante: público entregado, respeto por el rito y, sorprendentemente, una presencia destacada de muchos jóvenes aficionados menores de 25 años.

A simple vista, la afición parece viva y con relevo asegurado. Pero al mirar hacia el ruedo ,más allá del tendido, los datos revelan una realidad muy distinta.

Los escalafones taurinos en España presentan un envejecimiento sostenido. En la Feria de Abril de Sevilla 2023, la edad media de los toreros fue de 36,2 años. En 1987 era de 33,4. La tendencia es clara, se torean más años, pero debutan menos jóvenes.


Entre los banderilleros y picadores, más del 75% supera los 30 años, y solo entre un 10 y 13% se encuentran en la franja de los 18 a 29 años. Las cuadrillas actuales suelen tener una media de edad entre los 40 y 50 años, lo que garantiza experiencia, pero no futuro.

A pesar de los esfuerzos de las escuelas taurinas, la realidad es que cada año se inscriben menos jóvenes. La falta de oportunidades reales, descenso drástico del número de festejos, la dificultad para encontrar novilladas con picadores y la presión social en contra del toreo han reducido el interés de muchos aspirantes.


Aquí está la paradoja. Mientras los profesionales envejecen, la afición joven sí se está viendo en las plazas. Las gradas de Las Ventas, especialmente en los tendidos más populares, están llenas de chicos y chicas menores de 25 años que acuden en grupos y celebran con pasión cada pase y aplauden con conocimiento cada detalle de la lidia. En San Sebastián de los Reyes, otro bastión taurino, también se nota este fenómeno en sus encierros y festejos.

Es decir, el problema no es la afición, sino el acceso profesional.


Si no hay políticas de fomento, ayudas reales a novilleros o un circuito más sólido de novilladas y oportunidades, podríamos encontrarnos en 10 o 15 años con un vacío en el escalafón. La tauromaquia, como cualquier tradición, necesita renovación constante.

Pero aún hay esperanza. El aficionado joven está ahí. El rito le interesa. Solo necesita referentes y caminos para formar parte del arte.

En plena Feria de San Isidro, cuando los focos están sobre el ruedo y los nombres consagrados brillan, no debemos dejar de mirar hacia adelante.

Quizá el próximo gran torero está hoy sentado en alguno de los tendidos de las Ventas.