Opinión

El acuerdo de Bruselas y Washington: cuando la Comisión Europea corre… para irse de vacaciones

Compartir
El pasado mes de julio terminó con un acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos que, en teoría, venía a calmar las aguas.

Sin embargo, más allá del titular, el contenido del pacto ha dejado una sensación de ambigüedad preocupante. En sectores clave como la automoción, lejos de despejar dudas, las ha multiplicado.

Según el análisis publicado por Coface, la automoción europea sigue expuesta a posibles decisiones unilaterales de Washington, que podrían derivar en nuevos aranceles. Y lo firmado en Bruselas, lejos de blindar al sector, parece más bien una tregua informal. Nada asegura que, en unos meses, no volvamos al mismo punto de partida o a uno peor.

Lo desconcertante no es únicamente la falta de concreción. Es la ausencia de previsión. En un contexto internacional volátil, resulta incomprensible que la Unión Europea haya llegado a este punto sin una alternativa clara, sin medidas específicas de apoyo al tejido productivo ni un discurso firme que marque dirección. Todo apunta a un movimiento pensado para salir del paso, más que para construir soluciones.

En España, la industria del motor representa un pilar económico indiscutible: cerca del 10 % del PIB y alrededor del 18 % de nuestras exportaciones. Pero estos porcentajes toman forma concreta en territorios como Alcobendas o San Sebastián de los Reyes, donde trabajan cientos de empresas del sector, desde proveedores de componentes hasta sedes logísticas o centros corporativos.

Alcobendas, en particular, es un punto neurálgico para muchas marcas internacionales del automóvil. Por eso, cualquier sacudida en el tablero global tiene su eco en la economía local. Las decisiones comerciales entre bloques no son ajenas: afectan a empleos, inversiones y planificación a largo plazo.

Mientras Donald Trump continúa marcando agenda, con declaraciones públicas y gestos que tensan el tablero comercial global, en Europa, la sensación de muchos es que la Comisión estaba más preocupada por cerrar el expediente y seguir disfrutando de sus lujosas vacaciones que por defender con firmeza los intereses del continente.

En este contexto, no se puede pedir calma, ni irte de vacaciones, sin ofrecer certezas. Y mucho menos, sin acompañar con medidas reales.

En definitiva, no es solo que se haya firmado deprisa y sin músculo político. Es que, al parecer, no se tenía nada mejor previsto. Y en tiempos de competencia global feroz, esa falta de planificación equivale a renunciar a defender nuestros intereses.

Agustín Martín/ CEO AAPPmobility