‘Cleopatra’, la película que hizo millonaria a Liz Taylor y casi hunde a la Fox, cumple 60 años
En varios medios se la recuerda como un producto cultural que ha pasado a la historia. O bien como un mamotreto de cuatro horas o como una joya artística. Una especie de ópera cinematográfica de la que su director, Joseph Leo Mankiewicz, echaba pestes, un monumento al dispendio, una experiencia que puede resultar tosca, cargada de verborrea y ardua para cualquier espectador de la generación Z.
BettyGS
La historia de cómo ‘Cleopatra’ llegó a las salas es casi tan interesante o más que la propia película. Esa historia habría que comenzar a contarla por su estrella: Taylor fue contratada después de ser desechadas Susan Hayward o Sofía Loren. La firma del contrato conllevó el mencionado pastizal, un millón de dólares, que ninguna otra actriz había cobrado antes. «Dile que solo lo haré por un millón», le dijo Taylor a su entonces marido, Eddie Fisher, cuando este recibió la llamada del productor que quería que ella encarnase a la legendaria Cleopatra.
Cuando el rodaje se convirtió en el rosario de la aurora, la estrella exigió cobrar 50.000 dólares por cada semana que superase las 16 que estipulaba su convenio. También se quedaría el 10% de la taquilla final. Entre una cosa y otra, cobró alrededor de 7 millones, con lo que se podría decir que esta fue la película que la hizo definitivamente rica.
Pero del planteamiento inicial (y los primeros meses de rodaje) al resultado final, cambiaron muchas cosas. Prácticamente todo. La filmación iba a tener lugar en los estudios Pinewood de Londres y Peter Finch y Stephen Boyd iban a ser Julio César y Marco Antonio, respectivamente. En esos primeros compases, el director fue Rouben Mamoulian, que ya había demostrado su destreza a la hora de lidiar con divas interpretando a reinas.
A las pocas semanas del inicio, la Taylor empezó a sentirse mal. Y no era broma. Tras días de ausencia en el plató, se descubrió que tenía neumonía y los médicos tuvieron que practicarle una traqueotomía.
Entre la mala salud de la protagonista, que estuvo a punto de morir, y la ruina de los decorados, que la lluvia británica no perdonó, se reanudó con los decorados de Alejandría rediseñados (lógico, por otra parte) en los estudios Cinecittà de Roma. Rex Harrison y Richard Burton eran los nuevos Julio César y Marco Antonio tras la renuncia de Finch y Boyd, que no pudieron soportar tanto aplazamiento. Mamoulian también claudicó: el nuevo director elegido fue Joseph Leo Mankiewicz, que, para bien y para mal, impuso su shakesperiano gusto por los diálogos y la teatralidad.
Para cuando se reanudó el rodaje ya se habían despilfarrado millones y millones de dólares. Pero la sangría no había terminado: se dice que en Italia se llegaron a gastar 80.000 dólares en agua embotellada para los extras. Solo les faltaba comer caviar. Lo que en principio estaba presupuestado en 2 millones de dólares acabó ascendiendo hasta los 35. Hay que tener en cuenta que solo la entrada de Cleopatra en Roma, una de las secuencias más impactantes de la historia del cine, costó medio millón de dólares de los de entonces. Entre mala idea y mala idea, los productores se tiraban cada día de los pelos viendo cómo el rodaje se les iba de las manos. Ninguno olvidaba que, además, Taylor estaba recibiendo trato de auténtica diva. Para su Cleopatra, el equipo diseñó la friolera de 30 pelucas y 125 joyas de todo tipo y color. Nada era suficiente para una estrella que tenía que demostrar que lo era.
Pero, más allá de datos escrupulosamente presupuestarios, el verdadero salseo de la cinta se produjo cuando Richard Burton y la Taylor, ambos casados, empezaron a intimar más de la cuenta. Las chispas saltaron en enero de 1962, cuando los dos intérpretes coincidieron por primera vez en plató. A las pocas semanas, el adulterio era vox populi entre todos los miembros del equipo. La noticia también llegó a la prensa: no había paparazzi en Roma que no persiguiese como un loco a Liz y a Burton para captar una imagen romántica de ambos. Ante el escándalo, el Vaticano llegó a excomulgarles y las Ligas de la Decencia estadounidenses los consideraron personas non gratas. Poner los cuernos nunca había sido algo tan público.
La cinta recaudó casi 60 millones de dólares, siendo una de las más taquilleras de aquel año. Pero esas cifras no fueron suficientes para convertirla en un buen negocio. De hecho, Fox tardaría años en recuperarse del estropicio. Muchos aseguran que, pese al éxito de ‘Sonrisas y lágrimas’, tuvieron que pasar años hasta que el estudio se recuperó del fracaso, exactamente con el récord histórico de ‘Star Wars’, que volvió a llenar sus arcas.
Seis décadas después de su estreno, ‘Cleopatra’ es un monumento al cine y a la opulencia, un estudio de personajes con el sello Mankiewicz y una película llena de momentos que oscilan entre lo sublime y lo aburrido.