Carlos Alcaraz, un extraterrestre que llegó a Wimblendon, ganó el torneo y acabó con Djokovic, la última leyenda
El tenista murciano cambió el curso de la historia este domingo en el All England Lawn Tennis and Croquet Club tras derrotar a Novak Djokovic y arrebatarle su octavo título en Wimbledon.
LMN
Carlos Alcaraz acabó con el único miembro en activo del ‘Big Three’ en una titánica final de más de cuatro horas y media sobre la hierba de Londres, e inauguró una nueva era en el tenis mundial. Es el momento de los jóvenes, lo ha confirmado “Carlitos”, reforzando además su puesto en lo más alto del ranking mundial.
No era favorito, nunca había jugado una final en la hierba de Wimbledon, y tenía en su mente el recuerdo de las semifinales de Roland Garros de hace poco más de un mes. En París, Alcaraz se dio cuenta de que el reto de batir a Nole en un Grand Slam todavía era un sueño demasiado lejano , pero Wimbledon ha demostrado que los sueños se cumplen para aquellos que nunca dejan de creer.
Nunca bajar los brazos fue la clave de una final que más que un partido de tenis se convirtió en un thriller psicológico, especialmente con el varapalo inicial asestado por Novak Djokovic. Arrancó sobrexcitado el español tratando de romper el saque del serbio por la vía rápida, pero el jarro de agua fría no tardó en llegar. Los nervios le impedían meter la bola ante un rival de otra galaxia, y pronto el marcador se convirtió en la peor estocada que Djokovic podía dar al joven tenista español.
No podía ganar al serbio en ritmo, no pudo en su superficie favorita, la tierra batida, y no podría en una hierba donde la bola le corre aún más si cabe a un jugador dispuesto a igualar la potencia de tiro de todos sus rivales. Tocaba ganar confianza, y lo hizo con un meticuloso plan en el que combinó los puntos de peloteos largos en zonas seguras de pista con ramalazos de potencia. Le costó afinar, pero fue entrando en calor a medida que avanzaba el partido.
El partido volvió a comenzar de cero cuando Carlos ganó el segundo set en el tie break, ahora con un Alcaraz extramotivado y un Djokovic amedrentado por la furia en el juego del español. Toda la presión que le restaba la experiencia aparecía para él por otro lado, en su voluntad de poner su apellido en todos los libros de historia. El grande número 24, los mismos que los logrados por Margaret Court, y la posibilidad de pelear por el Grand Slam completo de una vez por todas hacían inconcebible la derrota para el pupilo de Ivanisevic, y menos contra el irreverente joven que ya había amenazado con terminar con su tiranía en el circuito.
Carlos daba muestras de fatiga, volvían a aparecer los fantasmas de París. El murciano salvó la quema al inicio escapando del break con una defensa numantina. Chute de moral con 1-1 en el marcador antes de exprimir su último jugo de tenis. Sacó de donde no le quedaba y quebró a un Djokovic incrédulo ante la fortaleza mental del “chaval”.
El golpe fue demasiado duro. Alcaraz volvía gustarse en pista con golpes imposibles, y el experimentado tenista pareció perder el control de la rebelión. Globos, recital de dejadas, valentía en los momentos de apretar los dientes… Alcaraz estaba determinado a ganar y nadie, ni el mismísimo Djokovic lo podía remediar.
Entonces el marcador se dejó llevar por el son natural de los turnos de servicio hasta la explosión final. Una ovación ensordecedora, lágrimas en la pista y en el box del murciano. La gesta estaba hecha, el sueño del pequeño Carlitos se había cumplido, ya tenía el trofeo dorado -su segundo grande- en sus manos.
En 2008 un joven guerrero español cambió la historia del tenis en Wimbledon. Nadal acabó con un Federer imbatible en su feudo e inauguró una rivalidad de época a la que luego se incorporaría el propio Djokovic. Este domingo le tocó al serbio estar en el otro lado de la pista, con un joven, también español, que ha inaugurado una nueva era en el tenis mundial. La historia se repite, y en la línea cronológica del deporte de la raqueta se ha fijado una fecha clave. El tiempo dirá si la recordaremos como el día que cayó el ‘Big Three’.