Deporte y vida sana

Arantxa Sánchez Vicario: de la gloria a ¿la cárcel? Quién es Josep Santacana

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Este martes Arantxa Sánchez Vicario entró en el Juzgado de lo Penal de Barcelona junto a su exmarido Josep Santacana para enfrentarse a la acusación de urdir un plan para descapitalizar su patrimonio y evitar el pago de una deuda al Banco de Luxemburgo.
Manuel Vega

Son muchos los españoles que han disfrutado de aquella joven tenista española iba subiendo escalones en su deporte, enfrentadose y ganando a las contrincantes se ponían en su camino. Era la hermana pequeña de Emilio Sánchez Vicario, un buen tenista, siempre entre los diez mejores del mundo, pero que se vio eclipsado por aquella “pequeñaja” con un talento superior. Luego viene el último capítulo de una historia que, de la gloria, puede terminar muy mal. Todo por no haberse ocupado del dinero que ganól en sus años dorados.

Ahora sigue pagando las consecuencias de haber dejado que otros lo hicieran. Mientras jugaba al tenis, su padre, Emilio Sánchez –fallecido en 2016-, gestionó su creciente fortuna. Después fue el turno de Santacana, con el que se casó en 2008 y que también la arrastró, según su relato, a un enfrentamiento frontal con la familia Sánchez Vicario.

A la deportista y a su pareja, del  que más tarde hablaremos,  se les acusa de un delito de alzamiento de bienes o insolvencia punible. El banco de Luxemburgo, que no está dispuesto a soltar la presa, quiere recuperar o hacer pagar con prisión una deuda que se remonta a 2009.

En una entrevista concedida a El País, cuyo titular era «mi gran error fue enamorarme». No era lo más novedoso que aporta. Lo trascendental lo encontrábamos en el cuerpo del texto y era el relato en el que ella aseguraba que en el proceso de divorcio que se sigue en Miami ha pedido auxilio judicial para averiguar dónde está parte de su patrimonio. Según la exdeportista se encontraría en manos de Josep Santacana, mientras que éste mantiene lo contrario, que, de existir, estaría en cuentas en Suiza de las que ella sería titular.

La exdeportista ha solicitado auxilio judicial para averiguar dónde está un patrimonio del que no hay rastro y del que, según dice ella, se ha apoderado Santacana. “Ganar lo que gané me costó kilómetros corriendo en la pista, horas de entrenamiento, sacrificio y esfuerzo. Me lo tuve que ganar, nadie me regaló nada. Lo que es mío es mío, y de mis hijos. Eso es lo que más me motiva para recuperarlo”. El empresario, por colocarle en algúna profesión, que afronta igualmente una petición de cuatro años de cárcel, niega su participación en el delito de alzamiento de bienes por el que está coacusado y alega que el dinero sigue oculto en cuentas en Suiza de las que es titular la extenista.

La pregunta que mucha gente se hace es cómo Arantxa desoyó las señales y las evidencias que su familia le presentó. Para ello contrataron a la agencia de detectives Método 3 que aportó pruebas comprometedoras sobre el pasado financiero de Josep Santacana. Arrastraba numerosas deudas con la Seguridad Social y una larga lista de acreedores.

Cuando Sánchez Vicario se casó en septiembre de 2008 en segundas nupcias (anteriormente había contraído matrimonio con el periodista deportivo Joan Vehils) nada hacía presagiar que ese encuentro fortuito en Ibiza entre ambos que había tenido lugar un año antes iba a provocar una tormenta de tamañas proporciones.

Según El País, les presentó José Guindulain, un conocido subastero de Barcelona con quien había trabajado Santacana y cuyo cuerpo sin vida fue encontrado en su casa de Sarrià, en 2009. La autopsia y las pruebas recabadas por los Mossos d’Esquadra apuntaban al suicidio. Y a esto podría haber contribuido que estuviera acuciado por las deudas.

Arantxa caía en el maniqueísmo de las telenovelas en su libro de memorias. Por un lado se encontraban las acusaciones de su familia, que aceptaba porque cualquier empresario podía tener deudas, y por otro su todavía marido, Josep Santacana, quien encajaba con caballerosidad todas esas afrentas y cerraba filas en torno a ella, víctima de los de su propia sangre. Una familia que, de cara a la galería, permaneció unida en la boda, de la que fue padrino el patriarca, Emilio Sánchez, pero cuyas costuras ya habían estallado.

La revista ¡Hola! fue para ellos el equivalente al BOE para hacer oficial su ruptura. Arantxa mostraba su arrepentimiento no por haberse enamorado sino por no haber sabido disociar la vida personal de las finanzas y Josep desvelaba datos tan poco edificantes como que llevaban dos años separados y cinco sin mantener relaciones sexuales.

Achacaba el final de su relación a la presión que supuso la oposición familiar y el proceso judicial que la tenista emprendió contra ellos, al acusarlos de haberla arruinado. Finalmente, lo perdió en 2015 por no aportar pruebas que demostraran sus afirmaciones y fue condenada a costas.

El relato de la ex tenista tenía suficientes mimbres como para hacerlo verosímil. A su favor, también jugaban los ejemplos de deportistas que habían sufrido abusos de sus padreo se habían aprovechado de ellos económicamente, como André Agassi, Mary Pierce, Tonya Harding, Jennifer Capriati y un largo etcétera. Ahora parece que el tiempo ha curado las heridas.

Arantxa se casa

«Fue un flechazo», dijo ella en su libro de memorias ¡Arantxa, vamos!, que, con el transcurrir del tiempo, una vez la relación sentimental se asentó, la apartó radicalmente de su familia. Además, la llevó a una situación tan dolorosa como no haberse reconciliado con su padre antes de que falleciera. Incluso a una coyuntura muy desagradable por no permitirle sus hermanos estar presente en el funeral al haber acudido acompañada por su marido, como revelaría años más tarde Emilio Sánchez Vicario.

Cuando Sánchez Vicario se casó en septiembre de 2008 en segundas nupcias (anteriormente había contraído matrimonio con el periodista deportivo Joan Vehils) nada hacía presagiar que ese encuentro fortuito en Ibiza entre ambos que había tenido lugar un año antes iba a provocar una tormenta de tamañas proporciones.

Según El País, les presentó José Guindulain, un conocido subastero de Barcelona con quien había trabajado Santacana y cuyo cuerpo sin vida fue encontrado en su casa de Sarrià, en 2009. La autopsia y las pruebas recabadas por los Mossos d’Esquadra apuntaban al suicidio. Y a esto podría haber contribuido que estuviera acuciado por las deudas.

Arantxa caía en el maniqueísmo de las telenovelas en su libro de memorias. Por un lado se encontraban las acusaciones de su familia, que aceptaba porque cualquier empresario podía tener deudas, y por otro su todavía marido, Josep Santacana, quien encajaba con caballerosidad todas esas afrentas y cerraba filas en torno a ella, víctima de los de su propia sangre. Una familia, que de cara a la galería, permaneció unida en la boda, de la que fue padrino el patriarca, Emilio Sánchez, pero cuyas costuras ya habían estallado.

La revista ¡Hola! fue para ellos el equivalente al BOE para hacer oficial su ruptura. Arantxa mostraba su arrepentimiento no por haberse enamorado sino por no haber sabido disociar la vida personal de las finanzas y Josep desvelaba datos tan poco edificantes como que llevaban dos años separados y cinco sin mantener relaciones sexuales. Achacaba el final de su relación a la presión que supuso la oposición familiar y el proceso judicial que la tenista emprendió contra ellos, al acusarlos de haberla arruinado. Finalmente, lo perdió en 2015 por no aportar pruebas que demostraran sus afirmaciones y fue condenada a costas.

El motor de Arantxa Sánchez Vicario son sus hijos, pero también puede respirar tranquila al haber recuperado a su familia, que supo pasar página a momentos muy duros en los que, inicialmente, una parte de la opinión pública sí consideraba culpables. El relato de la ex tenista tenía suficientes mimbres como para hacerlo verosímil. A su favor, también jugaban los ejemplos de deportistas que habían sufrido abusos de sus padres o se habían aprovechado de ellos económicamente, como André Agassi, Mary Pierce, Tonya Harding, Jennifer Capriati y un largo etcétera. Ahora parece que el tiempo ha curado las heridas.

La tenista, que sigue teniendo unos ingresos elevados, pero un elevado porcentaje de ellos van destinados a sufragar la deuda contraída con el Banco de Luxemburgo, se gana la vida como profesora en Miami y ocasionalmente como comentarista deportista. Sin embargo, siempre según sus palabras, necesita de ayuda externa para poder costear su día a día.

Santacana se defiende

Este martes, también el diario El País publica una entrevista a Santacana en la que ha señalado de manera directa a su ex, que hace unos días aseguró al citado medio que no atravesaba un buen momento económico. «No es en cierto que Arantxa sufra dificultades económicas. Es una estrategia de cara al juicio para dar pena. Vive en un apartamento de lujo junto a la bahía de Miami a 200 metros de la casa de Enrique Iglesias. E insiste en llevar a los niños a colegios privados»ha comentado.

El empresario también ha explicado que cuando se casó ella ya «era insolvente««Ya todo estaba hecho y la mayoría de su patrimonio había desaparecido», ha añadido, al mismo tiempo que ha hecho hincapié en que «entré en la vida de Arantxa en el momento ideal para buscar un perfecto culpablde todos los errores que habían cometido». «Yo nunca he conocido ni administrado su patrimonio. Todo lo llevaba su familia».