‘Padre no hay más que uno 5’: Santiago Segura cierra la saga
En la quinta entrega ya no es un negado, sino, por fin, un hombre con muchas pistas de circo a las que atender.
BettyGS
La saga ‘Padre no hay más que uno’, que se clausura ahora con su quinta entrega, ha vendido más de nueve millones de entradas. Y el cierre dejará buen sabor de boca a sus fans, porque su creador sabe hacer la ensalada.
Para los pocos que lleguen a las salas sin saber mucho de Padre, Javier García (Santiago Segura) y Marisa Loyola (Toni Acosta) tienen seis hijos, y de acoplados albergan a la pareja de su hija mayor y a la consuegra, y de satélites pasean por la casa la madre de él, el padre de ella (van y vienen por culpa de unas obras) y los cuñados, además de una criada desbordada por tanta boca que alimentar. De ahí el subtítulo, Nido repleto. Nadie se emancipa, todos se quedan. Con ocho basta aunque en desbaratado. Por supuesto, son de clase media/alta —viven en un chalet donde cada noche duermen 10 personas, eso sí, con un único baño— gracias al colchón económico obtenido con la creación, por Javier, de una asistente virtual llamada Conchy.
Mientras la película se mantiene en casa, mientras juega con los niños, los choques generacionales, las diferencias paterno-filiales, la plasmación de los sueños de cada uno de los personajes principales, la comedia avanza. Su primera hora deja muy buen sabor de boca, y son los mejores 60 minutos de la saga. En cuanto abre la mano y multiplica los cameos, en cuanto se lanza a los chistes físicos, el engranaje explota.
Es en ese aliño donde la ensalada se estropea. Un ejemplo: Segura tiende, como cineasta, a subrayar dos veces cada gag, lo que atranca la narración. Otro: los diferentes ritmos y tonos de los actores, que dan la sensación de estar habitando distintas películas o, al menos, de interpretar a diferentes velocidades. Chirría. Y, finalmente, el desequilibrio entre el talento de cada uno de ellos.
Sinopsis
Mientras muchos padres enfrentan la tristeza del “nido vacío” cuando sus hijos crecen y se independizan, Javier vive una situación completamente opuesta: su casa sigue tan llena como siempre, y nadie parece tener intención de irse. Con su familia al completo y los retos cotidianos multiplicándose, Javier se ve desbordado por el caos doméstico, las responsabilidades familiares y las situaciones disparatadas que no paran de surgir. Esta divertida comedia marca la última entrega de la exitosa saga Padre no hay más que uno, ofreciendo nuevas carcajadas y momentos entrañables con personajes que ya se han ganado el cariño del público.