Martín Rayo, el padre que hizo familia a los SanPas
En la mañana del 12 de septiembre, fallecía el padre Martín Rayo. Decía adiós a este tránsito hacia la Eternidad que es la vida. Tenía 77 años y nos confirman que falleció en paz y rodeado del amor de sus compañeros dominicos en Valencia. Sirvan estas líneas como homenaje a un padre que jamás buscó ser protagonista de nada.
Teresa Alonso – Majagranzas
Espero que no se enfade conmigo. Hace unos años le pedí me dejara escribir sus enseñanzas para que nos sirvieran de guía, a nosotros y a nuestros hijos. Y me dijo que no; que sus enseñanzas eran las de Jesús y se resumían en vivir desde el amor a los demás. Hoy lamento haberle hecho caso porque daría lo que fuera por leer todo lo que el Rayo nos dijo; aunque, como siempre, él tenía razón: su libro ya estaba escrito en la cabeza y el corazón de muchos de nosotros.
Su marcha ha provocado un aluvión de publicaciones en redes sociales y, sobre todo, de mensajes de WhatsApp en los grupos de alumnos del colegio San Patricio. Una oleada de mensajes de amor y respeto. Tras la primera impresión y las expresiones de condolencia, muchos nos hemos parado a pensar en su legado que es el más grande que existe: los miles de alumnos que hoy nos sentimos mejores personas gracias a su ejemplo y sus enseñanzas.

“El Rayo” – como nos referíamos siempre a él – fue para algunos un profesor de religión, el cura del cole. Pero para una inmensa mayoría fue un colega con el que podías hablar de Dios, de la vida, del amor, de sexo, de la familia, de los amigos… y eso en unas edades en las que hay muchos temas rondando y pocas personas con las que hablarlas y recibir algo de sentido. En unos años poco convenientes para ello, tenia pronunciamientos ideológicos y salidas nocturnas que a veces fueron criticadas por los que no supieron ver que solo así podía llegar a esos jóvenes que cada día asaltábamos las aulas con las hormonas revolucionadas.
Él no enseñaba; él acompañaba. Nos acompañó en las horas lectivas, en convivencias, en los pasillos, en los castigos de don Carlos, en algunas noches de Madrid. Le dio importancia a saber, a aprender, a huir de la ignorancia para poder vivir en libertad. Nos dijo que amar a Dios es amarnos los unos a los otros; poner a los otros primero. En esta época de individualismos y de poner al “yo” primero, sus enseñanzas cobran un sentido mucho más trascendental del que observamos de jóvenes.

El ejemplo convierte al profesor en maestro. Y el Rayo era Maestro. MI amigo Juan recuerda que fue “uno de los pocos curas a los que entendía y a los que escuchaba porque decía cosas que uno no quería perderse, que uno debía escuchar”. Como padre de la orden de los dominicos, el padre Rayo hablaba desde la VERDAD (Veritas) y era fiel a su misión: “Alabar, Bendecir y Predicar”. Solo con la VERDAD y siendo coherente con la VERDAD predicada, puede uno ser AUTÉNTICO y ganarse la CONFIANZA de tantas y tantas generaciones de jóvenes y adultos SanPas.
Nos acompañó también fuera de las aulas en momentos alegres y tristes. Como relataba mi amigo Alfredo en sus redes, “me confirmó, me casó, bautizó a mis hijos y ofició el funeral de mi padre”. Ay Rayo, ¿cómo vamos a olvidarte?
Hace unos años, una multitud de ex alumnos del SanPa nos reunimos en nuestro cole que le organizaba un homenaje. Todo pudimos darle un beso y decirle algo de lo que significaba para nosotros. Pero él no quería ser protagonista; ni siquiera de las preciosas palabras que le dedicó Sonsoles Castellano que nos emocionaron a todos. A él le emocionaba que el amor de Dios nos ayudara a decidir si queríamos ser personas o mierdas. Ese día, ese gran colegio, reunió a un montón de personas que dejamos muchas mierdas fuera para darle un beso lleno del amor que nos predicó, de la admiración que se ganó y de la gratitud por tanto como nos dio.
Desearle que descanse en Paz es imposible. Ahí arriba seguirá siendo un culo inquieto. No en vano, es Rayo. Ya siempre con nosotros en cada tormenta.