Feliz Navidad. Aquí y ahora.
Desde La Mirada de Juan Ussía, agradezco la oportunidad de poder hacer un canto a la Navidad, estas fechas en las que muchos celebramos el nacimiento del Niño Jesús y otros tantos los valores vinculados a estas fiestas: el amor y la familia.
Teresa Alonso – Majagranzas
La Navidad, dije una vez, es como un verano, pero mucho más corto y con frío. La verdad es que muchas veces nos empeñamos en llenar estas fiestas de obligaciones gastronómicas y sociales, de compra de regalos y organización de celebraciones. Y, por eso, acabamos disfrutando mucho menos de lo que lo hacemos en verano.
Yo, particularmente, reconozco que paso en estas fechas por varias fases reconocibles.
La negación: “¿Ya? ¿Ya poniendo las luces?”
La ira: “verás, qué pereza ahora buscar modelitos”.
La negociación: “bueno, te viene bien poder descansar… ¿descansar? Si me toca organizar fin de año”.
La depresión: “no, no quiero ver otra vez el cabecero vacío”.
La aceptación: “bueno, a lo que llegue he llegado”.
Y tras esas fases clásicas entro en modo “lo que de verdad importa” y de ahí ya paso directamente a la celebración.
Y es que la Navidad deja de ser Navidad sobre todo en dos momentos: el primero, cuando falta alguien que fue tu mundo en la tierra; el segundo, cuando tus hijos ya no viven esa magia que creaste un día para ellos y que creíste interminable. O la viven, claro que la viven, pero ya de otra manera.
Y la Navidad vuelve a ser Navidad cuando llegas a la casa o al restaurante donde toca la celebración y, haya muchas o pocas personas, son con las que quieres estar y son las que quieren estar contigo. Aquí y ahora. Olvidas todas las fases y regresas a lo que importa: el amor y la familia, la salud y los amigos, la paz en el mundo. Aquí y ahora: con los que estamos y también con los que nos acompañan, sencillamente, de otra manera. Aquí y ahora.
Para ti, papá; para ti, mamá; para ti, hijo, hija; esposo, esposa; nieto, nieta; sobrina, sobrino; para ti, amigo o amiga que nos faltas. Gracias no solo por dejarnos celebrar ese Aquí y Ahora, que ya es distinto y etéreo para vosotros, sino, sobre todo, por querer que lo celebremos. Por acompañarnos sin ocupar espacio, por estar sin estar, por recordarnos que el amor no entiende de ausencias ni de tiempo, solo de presencia.
Contigo. Siempre contigo.
Ojalá el anuncio de Campofrío de este año sobre la polarización nos haga reflexionar sobre lo que de verdad importa, a pesar de los políticos de todo el mundo que tan feas lecciones nos están dando. Ojalá que hablemos en torno a la mesa y a los nacimientos desde la empatía y la comprensión, sin divisiones, sobre la paz, la salud, el amor, la familia y los amigos: esas grandes palabras que han sido siempre representantes de los grandes deseos que nos unían a todos en estas fechas. Esas grandes palabras… así, sin más.
En modo celebración, les deseo a todos unas muy felices Navidades; les deseo paz, salud, amor, familia y amigos. Quien pueda brindar porque siente que de todo ello tiene, lo que realmente tiene es la mayor de las bendiciones.
Recuerden también, en estas fechas, que el tiempo pasa y el amor permanece.
Tempus fugit. Amor manet.