El gasto de los madrileños en verano sube pese a viajar menos
Según un informe del Observatorio Cetelem, el gasto de los madrileños en verano alcanzó una media de 1.251 euros
El gasto de los madrileños en verano ha experimentado un ligero repunte, alcanzando una media de 1.251 euros, según el último informe del Observatorio Cetelem. Esta cifra, que incluye tanto a quienes han viajado como a quienes han permanecido en casa, supone un incremento del 2% respecto al verano de 2024, a pesar de que el número de viajeros ha sido menor al esperado.
Según los datos del estudio ‘zOOm’ de gasto en verano, solo el 64% de los españoles —y por extensión, los madrileños— ha realizado algún viaje durante la temporada estival. Este porcentaje se sitúa 14 puntos por debajo de la intención manifestada en junio, cuando un 78% afirmaba tener previsto salir de vacaciones.
Curiosamente, entre quienes sí han viajado, el gasto medio ha superado las previsiones iniciales. El desembolso se ha situado en 1.443 euros, lo que representa un 3% más de lo estimado en junio. El alojamiento ha sido el principal foco de gasto, aunque finalmente se ha reducido un 8% respecto a lo previsto. En cuanto al transporte, el gasto medio ha sido de 232 euros, un 1% menos.
Por otro lado, el 34% de los españoles no ha viajado este verano, un dato que también se refleja en la Comunidad de Madrid. De ellos, un 57% ha señalado que su situación económica les ha impedido hacerlo. Este grupo ha gastado menos de lo que había presupuestado inicialmente, con una media de 580 euros, un 6% por debajo de lo estimado.
Prudencia y adaptación a las circunstancias económicas
El informe también destaca cómo el comportamiento de consumo ha estado marcado por la prudencia y la adaptación a las circunstancias económicas. Aunque el gasto global ha aumentado ligeramente, la contención en partidas como transporte y alojamiento revela una tendencia hacia el ahorro y la optimización del presupuesto.
En definitiva, el gasto de los madrileños en verano refleja una dualidad: menos viajes, pero más inversión en los que sí se han realizado. Un verano de contrastes que deja entrever cómo la economía doméstica sigue condicionando las decisiones de ocio y descanso.