Bendita curiosidad, a pesar del negacionismo
En la nueva anormalidad, ésta en la que dócilmente nos hemos instalado y que nos ha venido impuesta por un sistema contumaz, implacable y difícilmente reversible, uno de los términos que mayor protagonismo mundial ha adquirido en los últimos tiempos es el de “Negacionismo”.
La Nueva Anormalidad/Salmón Nocturno
Sin querer entrar en una definición etimológica del término en cuestión, este fenómeno popular, auspiciado por los canales digitales y la lapidación pública de las Redes Sociales, ha terminado por convertirse en el comodín favorito de la gran mayoría para ridiculizar y menospreciar a cualquiera que osase cuestionar (y no digamos contradecir) alguno de los dogmas o preceptos fundamentales que engranan y engrasan a la perfección un sistema social y geopolítico como el actual que, por definición, trata de perpetuarse en el tiempo.
Por mi parte, desde que tengo uso de razón, he estado continuamente haciéndome preguntas por todo. Bien lo saben mis padres, mis hermanos, mi mujer, mis profesores y mis amigos, a los que en muchísimas ocasiones he llegado a agotar en su infinita paciencia, fruto de mi insaciabilidad cuestionadora. Siempre he considerado ese afán de conocimiento y esa curiosidad inquebrantable como impulsos absolutamente positivos que nos empujan a querer conocer más cosas, a ver más allá y a no conformarnos con una única respuesta. En cierto modo, y utilizando la técnica de la simplificación más básica, creo que la curiosidad ha sido, es y será el principal motor de la innovación y también de la evolución humana. Ahora bien, utilizando nuevamente esta regla del tres de la máxima simplificación, y teniendo en cuenta las reglas del juego comúnmente aceptadas en la nueva anormalidad, esta voluntad curiosa y cuestionadora que tanto aprecio y valoro, obligatoriamente tiene que ser considerada como una actitud y una visión claramente negacionista en la actualidad.
Así que sí, siguiendo esta lógica discursiva, no se me cae ninguna prenda al afirmar rotundamente que soy un negacionista de tomo y lomo… ¡¡y a mucha honra!! Uno de mis pensadores favoritos, el filósofo norteamericano Bertrand Russell, en su magnífica obra El Conocimiento Humano, acababa concluyendo que “Todo conocimiento humano es incierto, inexacto y parcial” y por tanto la verdad única como tal no existe en absoluto, ya que lo que realmente existen son múltiples verdades subjetivas, que inevitablemente tenemos que cuestionarnos y tratar de comprobar por nosotros mismos. Otro de los personajes históricos que siempre me ha fascinado desde que era pequeño es Leonardo Da Vinci, uno de los mayores humanistas que haya existido jamás, considerado por muchos expertos como el hombre más tercamente curioso de la historia. Da Vinci, vivió obsesionado por comprobarlo todo y experimentarlo por sí mismo, y gracias a su persistente obstinación consiguió grandes inventos y descubrimientos en innumerables campos como la anatomía, la ingeniería, el arte, la arquitectura, la filosofía, etc. ¿Os imagináis al bueno de Leonardo cuestionándose todos los axiomas y dogmatismos que rigen con mano de hierro esta nueva anormalidad? Creo que no me equivoco demasiado cuando escribo que “Negacionista” sería el calificativo más amable que recibiría este genio universal y que sería auténtica “carne de meme” para todos los genios y avezados virtuosos que pululan impenitentemente por el universo virtual.

Me cuesta mucho entender por qué poner en duda algo generalmente aceptado por la mayoría y pedir que te lo expliquen de forma más amplia o precisa, ha pasado de ser una buena oportunidad para enriquecer nuestro conocimiento, a ser una amenaza inaceptable que tiene que ser eliminada de raíz y a ser posible de forma ejemplarizante ridiculizando a aquel que duda o cuestiona. Igualmente, me niego a aceptar que poner en cuestión cualquier cosa o dudar sobre algo comúnmente validado por la mayoría sea sinónimo de negar su existencia. Dudar no es negar, es simplemente no entender la plenitud de algo y tener la voluntad de querer comprenderlo mejor o albergar la curiosidad de plantear otros posibles caminos que puedan llegar a otras verdades subjetivas. En mi opinión, lo que ocurre es que en esta nueva anormalidad, en la que la confrontación, la polaridad y la exageración son ingredientes fundamentales que alimentan el sistema, la palabra “Dudacionista” no tiene la fuerza que sí tiene el término “Negacionista”, y además pierde los componentes de ataque y desconsideración tan necesarios para que pueda convertirse en una moda que cale o en un fenómeno viral, que parece que en definitiva es lo único importa.
Hace poco más de un año cuando mi gran amigo Juan Ussía me propuso escribir un artículo mensual en La Mirada Norte acepté este maravilloso reto periodístico con la principal motivación de poder expresar mis dudas e inquietudes con respecto a algunas de las grandes tendencias que se venían cocinando a fuego lento y que se habían terminado por imponer de forma fulgurante en nuestra sociedad tras la pandemia del Covid-19, en lo que yo he venido a denominar como “la nueva anormalidad”. Trece artículos después, me despido de vosotros con esta última misiva que concluye con un deseo y una petición. El deseo es el de que en algún momento, a través de mis palabras, haya conseguido despertar vuestra curiosidad y os haya hecho dudar y preguntaros el por qué y el para qué sobre temas tan complejos, profundos y determinantes en nuestra sociedad como son el consumo, el trabajo, la educación, la natalidad, el mundo virtual, las nuevas tecnologías, etc. Y la petición es, que en la medida de lo posible, seamos cada vez más valientes para escuchar sin tanto juicio al que piensa y argumenta diferente a nosotros. Y es que a fin de cuentas, no estigmatizar y no tratar de enterrar al que opina de forma contraria a nuestras ideas e intereses, requiere superar el miedo a aceptar que, posiblemente, en muchas de nuestras creencias y convicciones podamos estar equivocados. Gracias a todos por vuestro tiempo, cariño y atención. Ha sido un auténtico placer haber podido compartir con vosotros durante un año este espacio de crítica, análisis, introspección y reflexión individual y colectiva. Feliz verano.
EL SALMÓN NOCTURNO
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