Seductora de pagafantas

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Hace apenas dos años, poco más acaso, Ciudadanos era una fuerza emergente. Su estrategia, entonces acertada a la vista de sus resultados, buscaba más seducir que convencer. Imagen joven, renovadora, atractiva, con un líder de fácil verbo que hasta desnudo había posado en carteles electorales.

Y todo era Rivera. Daba igual quién fuera el candidato local, autonómico o nacional; el seducido votante naranja, votaba a Rivera.

Y la seducción funcionaba. En su primera cita, en Cataluña, su fuerza apareció vestida con un ajustado traje de corte socialdemócrata, marcando formas. Y gustó, vaya que si gustó; tanto, que se vio musa de una España teñida de naranja y se lanzó a su conquista.

La seducción, para ser perfecta, se vale de distintas tretas, de estrategias, de perfumes cambiantes y de estilos diferentes en función de donde se baile la fiesta. Así pues, se quitó el provinciano traje socialdemócrata y se vistió de un perfecto Armani liberal para la seducción más completa.

Pero el hábito no hace al monje… y en ese convento entró gente de toda clase y ralea de todo tipo. Vocacionales del servicio público… y oportunistas advenedizos, de los del todo vale porque somos los buenos, los emergentes, los seductores.

Y así, la seducción, la poderosa arma de apariencia perfecta que a muchos hizo creer encontrarse ante el amor político de su vida, a la tercera cita empezó a hacer aguas para mal envejecer de repente. Arrugas precoces en el gesto mal definido, entre progre de derechas y liberal a la roja; en el gesto equidistante, en un mal calculado centro, para acabar ofertando saldos en un en medio… de la nada.

Porque no se puede ser de todo y no ser de nada al mismo tiempo. Porque no se puede ofrecer la luna y buscarla en una cantera; porque no se puede criticar a un PSOE -socio de Bildu y de corruptos golpistas- y jugar a ser su agente infiltrado en la Comunidad de Murcia, en la de Madrid o en Alcobendas; porque no se puede tener principios cambiantes según cambie la estrategia.

Así lo han dicho las urnas, las mismas que nos votaron a los populares mayoritariamente en Alcobendas. Las que seducidas, hace dos años, prestaron cinco ediles naranjas con voto de centro derecha pero, desmaquillada la seductora, la dejaron en un desparejado cero de representación en Alcobendas, en las recientes elecciones de la Asamblea.

Ahora dicen reivindicar un pacto, dicen cantar como cantara la sirena para, representando a nadie y mal avenidos entre sus tropas, pedir que les hagan “alcaldes” de la ciudad que ya no representan.

Que la que fuera diva, la seductora que centraba miradas y que listaba con interesante pose a los candidatos para el baile con ella, ahora va de barra en barra buscando un pagafantas que le alegre la fiesta… despreciando en la ronda a los suyos que fueron leales, aquellos vocacionales del servicio público que han dejado aparcados a la puerta.

Porque no estamos de fiesta, ni buscamos divas, ni seductoras, ni alegrías con dolor de cabeza. Por y para Alcobendas, nuestra misión, nuestro objetivo es trabajar desde aquí por nuestra Ciudad y por nuestros vecinos; trabajar desde aquí y desde ellos, por nuestra región y por nuestra Patria entera. Bienvenidos los vocacionales de la puerta.

No seremos nosotros los que estemos para pagarles tal fiesta. No alentaremos divas ni divos, los que estemos para alentar a la que fuera diva y se arruinó.

Ramón Cubián, Portavoz del Partido Popular en Alcobendas