Germany, Cologne, Father and son playing soccer

Proteckthor: Tenemos que proteger a nuestros pequeños futbolistas

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El pasado mes asistí a un torneo de fútbol de alevines en un colegio de Las Tablas. Participaban niños de diferentes equipos de la zona. Valdebebas, Estudiantes, Adarve, Vallecas…

El ambiente, pese al calor propio de los primeros días de junio, fue genial. El formato de la competición tenía en cuenta éste y muchos otros factores. Pausas para hidratación, riego del campo cada 30 minutos… Lo importante, como siempre debe ser, fue que los niños disfrutaran del deporte como herramienta de socialización. Más allá de esta jornada de convivencia con el fútbol como excusa, en lo puramente deportivo, los allí presentes pudimos disfrutar de grandes partidos. Sorprende ver cómo a edades cada vez más tempranas se asimilan conceptos técnicos, tácticos y valores como el trabajo en el equipo o el juego limpio. Desde aquí, mi más sincera enhorabuena a los entrenadores, profesores, padres y formadores que inculcan todo lo bueno del deporte a los más pequeños. ¡Eso es crear cantera y afición!

Pese a todo, volví a casa preocupado. Muy preocupado. En muchos lances del juego, los niños disputaban balones divididos como si les fuera la vida en ello. “Hay que ir con todo” es una de las frases que más se repiten en un partido de fútbol. Los niños fueron con todo en cada jugada… y eso tiene riesgos que son totalmente subsanables. Cada vez que cabeceaban un balón, ya sea para despejar o para rematar, se notaba el daño que les hacía la pelota. No me extraña. A diferencia de los balones que suelen tener para jugar en el recreo o con sus amigos, la pelota oficial de la Federación de Fútbol de Madrid es bastante dura. Entiendo que para elegir un balón reglamentario se tienen en cuenta parámetros como peso, durabilidad, precio, bote y no sé cuantas cosas más. Pero créanme cuando digo que golpear a esa pelota de cabeza tras un pase de 30 metros es doloroso. Hice la prueba y pica mucho. Fue entonces cuando entendí la necesidad real de evitar este tipo de impactos.

Por suerte, Carlos Pelayo y José María Pérez Cuesta, fundadores de Proteckthor, ya se percataron de esta problemática hace unos años. Desde 2014 han volcado todos sus esfuerzos en crear una banda protectora que minimice el riesgo de lesiones cerebrales. Hay multitud de estudios que afirman que los golpes en la cabeza en el deporte causan problemas neurodegenerativos irreversibles. Basta con hacer una búsqueda rápida en Google para saber de lo que hablo. Por suerte, Carlos y José María, ya han patentado un casco que reduce las fuerzas trasmitidas a la cabeza. Lo que hace años era una quimera es ya una realidad y estoy convencido de que ha venido para quedarse. Me gustaría que los padres de todos esos niños que estuvieron jugando aquel torneo fueran conscientes de lo que exponen sus hijos cada vez que rematan de cabeza y lo fácil que es evitar males mayores gracias a Proteckthor. Al igual que varias generaciones de futbolistas nos hemos dejado las rodillas en campos de tierra y ya no vemos el césped artificial como un lujo, creo firmemente que de aquí a unos años será muy común ver a los niños portar estas bandas protectoras. Tendrán más confianza, les dolerá menos la cabeza y disfrutarán más, que al fin y al cabo, de eso se trata.

Desde esta tribuna que me brinda La Mirada Norte, me gustaría mandar un mensaje a todos esos padres que quieren lo mejor para sus hijos. Protejan lo que más importa. Inviertan en el futuro de sus hijos. Investiguen e indaguen sobre los daños que produce el golpeo reiterado de un balón de fútbol. Plantéense el uso de Proteckthor para jugar al fútbol. Es raro ver a niños en bicicleta, montando a caballo o esquiando sin casco. Ojalá dentro de poco también sea raro ver a futbolistas sin protección. Ganarán los niños, ganaremos todos.

Alberto Gozalo. Periodista deportivo