Felipe de Edimburgo muere a los 99 años

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El príncipe ha fallecido a los 99 años y llevaba 73 años casado con la reina. En 2017, Felipe de Edimburgo anunció que se retiraba de la vida pública por motivos de salud.
BettyGS

El duque no es considerado rey consorte, algo que sí que sucede cuando una mujer se casa con el heredero al trono. 

Esto es debido a la tradición y a las regulaciones que rigen la corona británica, que hacen un poco más difícil conseguir el título de rey. De hecho, solamente los descendientes directos de la familia real británica pueden ser considerados como reyes. 

Hijo del príncipe Andrew de Grecia y de la princesa Alice de Battenberg. Felipe fue reconocido como príncipe de Grecia y Dinamarca. Sin embargo, tal y como informan en la web oficial de la casa real británica, el príncipe renunció a estos títulos para casarse con la reina Isabel II. 

Al casarse con ella, Felipe recibió los títulos de duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón Greenwich. Así, a pesar de haber estado casados tantos años con la reina legítima del país, el duque de Edimburgo fue nombrado en la coronación de la reina como príncipe de Reino Unido, no rey. 

En 2018 fue operado de la cadera y poco antes de la Navidad de 2019, pasó cuatro noches en el hospital en observación por una «enfermedad preexistente».

A pesar de permanecer alejado del público, el marido de la reina ocupó los titulares tras verse involucrado en un accidente de coche en enero de 2019 en el que dos mujeres necesitaron atención hospitalaria. Entonces el príncipe Felipe entregó voluntariamente su licencia de conducir.

Nacido en la isla de Corfú, Felipe de Edimburgo, que en una ocasión se describió a sí mismo como «un príncipe balcánico desacreditado sin ningún mérito particular o distinción», fue uno de los miembros más activos de la familia real.

Tuvo una relación difícil con la prensa, a la que calificó de «reptiles sanguinarios» y a la que acusó de centrarse en sus errores. Una vez le dijo al exdiputado conservador y biógrafo Gyles Brandreth: «Me he convertido en una caricatura. Así es. Tengo que aceptarlo».

Su salud se había ido deteriorando poco a poco hasta que en mayo de 2017 anunció que se apartaba de los compromisos de la Casa Real, bromeando con que ya no podía mantenerse en pie durante más tiempo. Su última aparición pública la hizo durante un desfile de los Marines Reales el año pasado en el Palacio de Buckingham.

Nunca ha tenido oficialmente el título de príncipe consorte, pero ha vivido una vida de duque real, renunciando a su prometedora carrera naval, de la que incluso algunos pensaron que podía llegar a ser el Primer Lord del Mar, un título que le hubiera obligado a caminar varios pasos por detrás de su mujer.

Con esta elección se metió de lleno en la vida nacional, convirtiéndose a sí mismo en un personaje público con un único papel. Fue el miembro más enérgico de la familia real durante varias décadas en las que fue el que más compromisos tuvo.

Un hombre extremadamente ambicioso y complejo que tuvo que hacer frente a varios obstáculos durante sus primeros días en palacio. Sin dinero ni títulos, el establishment no lo consideraba suficiente. Su suegro, Jorge VI, estaba consternado porque pensaba que su hija quería casarse con el primer hombre que había conocido, siendo aún demasiado joven. La reina Isabel, más tarde Reina Madre, nunca demasiado sutil, se refería a él como «el Huno», en referencia a sus raíces danesas, rusas y alemanas. Su hermano, David Bowes-Lyon, lo despreciaba llamándolo «el alemán».

Los cortesanos lo veían como un extranjero que no daba la talla y demasiado teutónico.

El obispo de Londres, Richard Chartres, contó en la biografía no autorizada de Graham Turner que «si hubiera sido uno de los aristócratas estándar inglés el que se hubiera casado con la reina, todo el mundo se habría aburrido».