El Mediterráneo se calienta y el mar cambia su biodiversidad

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La crisis climática no solo está afectando a las olas de calor en zonas terrestres: los mares y océanos también sufren episodios de altas temperaturas. La subida de cifras de los termómetros está afectando de forma negativa a los ecosistemas marinos de todo el planeta, y las costas españolas no son una excepción.
LMN

Este fenómeno se advierte, sobre todo, en las playas del Mar Mediterráneo y del Mar Menor, donde el incremento de las temperaturas marinas ha provocado que las personas que acuden a sus costas sientan que sus baños no son tan refrescantes como antes.

Este verano está siendo marcado por las elevadas temperaturas que se están registrando en España, incluidas las marinas. El 25 de julio, la boya ubicada en Cabo de Gata, en Almería alcanzó casi los 28 grados centígrados. Asimismo, en las aguas de Valencia se registraron 27 grados y en Sa Dragonera, en Baleares, algo más de 30.

Por su parte, según los datos del Comité de Seguimiento del Mar Menorla semana pasada las aguas de esta zona registraron una temperatura media de 31,25 grados, el máximo histórico desde que hay registros al superar los 30,85 registrados en 2016. Además, en ciertas zonas de la laguna el termómetro alcanzaba los 32,4 grados.

Óscar Esparza, doctor en Biología y coordinador de Áreas Marinas Protegidas de WWF en España, asegura que este incremento de temperaturas es «anómalo y excepcional, tanto por la intensidad, como por la extensión y duración». En este sentido, Greenpeace señala que el hecho de que el Mediterráneo alcance los 30 grados se traduce en una subida de 6,2ºC sobre su temperatura habitual.

Cuencas marinas de todo el mundo se están calentando, aunque unas más que otras. Tal y como explica a este medio Juan Jesús González, meteorólogo de la AEMET, el aumento del calor en la atmósfera «se refleja en las temperaturas superficiales de los mares y océanos más sensibles a estas condiciones», siendo un caso muy claro el mar Mediterráneo.

Jorge Olcina, responsable del Laboratorio de Climatología en la Universidad de Alicante, añade que el calentamiento del Mediterráneo «es un proceso que se remonta a los años 80 del siglo pasado, cuando comenzó a hacerse evidente la actual hipótesis de cambio climático por efecto invernadero producido por la actividad humana».

Por ello, es muy probable que cada año se alcancen nuevos récords de temperatura, adelantando las previsiones que se habían dado para dentro de décadas. Así, desde 1980 hasta 2022, el mar se ha calentado «1,4ºC, mientras que el aire en ese mismo período tan solo lo habría hecho en 0,7ºC», apunta Olcina, añadiendo que, por tanto, «el mar Mediterráneo se ha calentado el doble que el aire en estos últimos cuarenta años«.

Para comprender la magnitud del aumento de temperaturas, el meteorólogo de la AEMET ha publicado en Twitter una evolución sobre cómo se han ido calentando las aguas superficiales del Mediterráneo en el mes de julio:

En cuanto al mar Menor, Olcina indica que es un reflejo de lo que pasa en la cuenca del Mediterráneo, pero con un agravante: la contaminación por abonos nitrogenados que se vierten por el lavado del suelo agrícola. Esto produce «un deterioro preocupante de la calidad ambiental en este espacio marino» asevera, añadiendo que la solución pasaría por un «control» de dicha fertilización en la agricultura que se desarrolla en su ribera.

Las consecuencias

Como explican los expertos, las aguas están sufriendo olas de calor marinas. Y, al igual que las terrestres, estas también tienen consecuencias. Juan Jesús González insiste en que el Mediterráneo «es una de las zonas más sensibles del planeta al calentamiento global” y, a su vez, Óscar Esparza lo deja claro: «Las subidas de temperatura ponen en riesgo el mar Mediterráneo».

Todo apunta a que cada vez será más frecuente tener veranos con el agua a altas temperaturas, lo que causaría varios efectos adversos. Por un lado, favorecería el incremento de noches tropicales entre mayo y octubre, así como las condiciones para que se desarrollen gotas frías o DANAS y lluvias torrenciales de gran intensidad.

Por otro lado, el miembro de WWF detalla que dentro de las amenazas está que el mar se convierta en «un caldo de cultivo para la proliferación de medusas y la llegada de especies invasoras que alteran los equilibrios del ecosistema», lo cual ya ha empezado a efectuarse.

Además, suma que puede haber un incremento de «episodios de mortalidad masiva» de «especies clave» para el mantenimiento del funcionamiento y la biodiversidad, como de poblaciones de corales o la Posidonia oceánica, que almacenan veinte veces más Co2 que los bosques terrestres.