Cultura y entretenimiento

Con Murakami en el Teatro Jovellanos de Gijón el pasado miércoles. “Mis obras me caen del cielo”

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El escritor japonés, Premio Princesa de Asturias de las Letras, ha defendido su estilo propio en un encuentro con lectores en el Teatro Jovellanos de Gijón.
Manuel Vega

Impagable el encuentro con el escritor japonés, no muy aficionado a los actos públicos, ni a las entrevistas. No le gusta hablar de su vida, pero se ha convertido en un imprescindible del universo de las letras y todos quieren saber más

Este fin de semana de los Princesa de Asturias me ha cogido leyendo ‘El fin del mundo y un despiadado País de las Maravillas’, una obra muy especial con unas tramas muy imaginativas, con un humor muy sutil, muy propio del japonés, con una mezcla de reflexiones morales, novela negra y todo a un ritmo trepidante. No puedo decir más porque estoy a ello.

Me la regalaron mis hijos en unas navidades y la tenía pendiente. Empecé con ella hace unos días y al coincidir con el Premio Princesa de las Letras me vino a la mente que Murakami había realizado un hechizo, habíamos tenido telepatía… pero ya me estoy metiendo en ese mundo “murakaista”, como a él le gusta decir. Pero volvamos al miércoles a Gijón.

En el encuentro ante un auditorio con mil personas, muy ilustrativo para todos, Haruki Murakami ha afirmado este miércoles que las historias que nutren sus obras le «caen del cielo» y solo tiene que buscar la forma y el ritmo del relato para encajarlas en su “estilo particular” alejado de cualquier tipo de encasillamiento y que ha definido como “murakaismo”.

El autor japonés ha reconocido que la novela «Rojo y Negro», de Stendhal, que leyó a los 12 años porque el libro estaba en su casa, fue una de las mayores influencias que lo impulsaron a dedicarse a la literatura con un estilo que busca diferenciarse del resto de escritores contemporáneos.

Ha rechazado la opinión de algunos críticos literarios que lo consideran «el padre del realismo mágico japonés», al afirmar que huye de todos los «ismos» y que en cualquier caso su estilo es el «murakaismo».

Además, ha expresado su desacuerdo con las críticas que se le han hecho en su país por considerar que sus novelas no son japonesas, subrayando que es japonés, escribe en japonés y come comida japonesa.

También ha admitido que en su juventud se sintió atraído por los clásicos rusos como Dostoievski y Tolstoy, y que siendo adulto descubrió la literatura norteamericana que traducía al japonés.

A este respecto, ha explicado que su inclinación por una narrativa un tanto más occidental puede haber tenido su origen en que sus padres eran profesores de literatura japonesa y quiso estar «lo más lejos posible» de eso.

Confiesa que, cuando escribe, se levanta muy temprano, a las 4:30 horas, hace y bebe café y al mismo tiempo piensa cómo va a continuar la historia, pero nunca se inspira corriendo, una actividad que le permite tener la «fortaleza física» que necesita para crear.

Autor de una numerosa bibliografía, Murakami ha dicho que tiene 74 años y no sabe cuántas novelas más puede escribir «antes de marchar de la vida», ni cuáles pueden ser las historias que vaya a contar porque cuando no escribe simplemente espera encontrar alguna que le «caiga del cielo».

Murakami ha expresado además su convicción de que «la tarea de un escritor es crear algo», para lo cual tiene que «bajar hasta el segundo subsuelo de la conciencia» y asumir distintos roles para ponerse en el lugar de los posibles lectores.

Biografía de Haruki Murakami

Haruki Murakami es uno de los escritores japoneses más conocidos de la actualidad, tanto en su país como fuera de él. Su generación de escritores fue influenciada por la literatura contemporánea norteamericana. Él mismo ha traducido a Tobias Wolff, Francis Scott Fitzgerald, John Irving o Raymond Carver, a los que considera indudables maestros.

Murakami nació en Kioto pero se crio en Kobe. Sus padres eran profesores de literatura japonesa y de ahí vino su interés por ella. Influenciado por la cultura occidental tanto en la literatura como en la música, son esas inclinaciones las que lo diferencian de otros autores japoneses.

Estudió Literatura y Griego en la Universidad de Waseda (Sodai), donde conoció a su esposa Yoko. Su primer negocio fue un bar de jazz llamado «Peter Cat», una muestra de su gran amor por la música, uno de los grandes y necesarios referentes a lo largo de toda su obra.

Tokio Blues fue la primera de sus obras que despuntó y su fama le convirtió en una verdadera estrella en Japón. Después de pasar una larga temporada en Estados Unidos en la que escribió Al sur de la frontera, al oeste del sol (1992) y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1995), Murakami decidió volver a Japón tras el famoso terremoto de Kobe y el atentado terrorista con gas sarín al metro de Tokio, sucesos sobre los que escribiría posteriormente.

Desde su vuelta a Japón, publicó Sputnik mi amor (1999) y Kafka en la orilla (2002), que le valieron el definitivo espaldarazo internacional y el seguimiento fiel de una verdadera legión de lectores. Estos libros fueron seguidos por After Dark (2004), 1Q84 (2009) y Los años de peregrinación del chico sin color (2013). Murakami ha sido postulado al Premio Nobel de Literatura gracias a obras como 1Q84, trilogía que rompió todos los récords de venta en Japón.

Sus obras tienen un marcado toque surreal y de fatalismo; en ellas refleja la soledad y el ansia de encontrar y poseer el amor, crea mundos donde mezcla lo real y lo onírico, la felicidad con la oscuridad, consiguiendo atraer la curiosidad e inquietud de los lectores. Su carrera literaria no consta solo de novelas, también de recopilación de relatos, ensayos y cuentos ilustrados.

En 2015, Murakami abrió un consultorio online donde los internautas pudieron preguntarle y pedirle consejo durante varios meses. A partir de esa experiencia, el autor japonés decidió escribir un libro relatando los momentos más interesantes de esa conversación virtual.

Reconocido en todo el mundo, ha sido galardonado con premios como el Noma (1982), el Tanizaki  (1985), el Yomiuri (1996), el Franz Kafka (2006) o el Jerusalem Prize (2007). En España, ha recibido la Orden de las Artes y las Letras del Gobierno Español, el Premi Internacional Catalunya 2011 y el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2023.